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sábado, 2 de abril de 2011

Muero por tus besos

Dos de la mañana

Abrí los ojos y allí estaba ella. Me miraba con ternura y emoción, las lágrimas no dejaban de resbalar por su rostro. Quería acercarme y abrazarla, pero aún estaba muy débil. Echado en una cama de un hospital, me dolía hasta el dedo anular.

- Es mejor que te alejes de mí. No podemos continuar más con lo que sentimos. Ahora has comprobado que no es una absurda maldición, dijo Jhasla, temblando completamente la voz.

Empecé a reír. Sus ojos verdes me fascinan.

- ¡Deja de tomarte todo a la ligera!, exclamó con firmeza.

- Solo río porque me siento feliz. Qué importa si fui atropellado y me rompí algunos huesos. Si ese fue el precio por escuchar que estás enamorada de mí y tenerte entre mis brazos por varios minutos, créeme que valió la pena, expresé, mirándola fijamente a los ojos.

Ella en mi vida

Nunca olvidaré el día en que la conocí. Creo que no existen las coincidencias. No hay duda que el destino la quería para mí. Mi prima Luna, me invitó a su quinceañero, si bien es cierto en un principio no pensaba asistir, al final terminé yendo. Fue en esa fiesta, la primera vez en que nuestras miradas se cruzaron. Jhasla era la profesora particular de inglés de mi prima. Bailamos toda la noche, nos divertimos. Pero cuando le pedí su número celular, no me lo quiso dar.

- No creo que sea buena idea volver a vernos, sentenció en voz baja.

Debo confesar que me demoré algunos segundos en asimilar lo que dijo. Me había perdido en la carnosidad de sus labios, sus brillantes ojos verdes y su deslumbrante cabellera de color negro.

- ¿Por qué no? Pensé que nos habíamos caído muy bien, contesté.

Quizá puedo estar exagerando, pero antes de escuchar la respuesta de Jhasla, empecé a sentir frío. Ese día no le di importancia, pero ahora, me pongo a pensar y puede que mi subconsciente, quería prevenirme. Tal vez nunca debí mirarla a los ojos.

- Porque soy peligrosa. No soy como las demás chicas.

Así acabó nuestra conversación. Apenas terminó de hablar, partió. Se desvaneció entre la multitud, dejándome solo, fumándome el último cigarrillo de la noche.

Como era obvio y propio de mi curiosidad, no me quedé tranquilo. No paré hasta dar con ella. Al principio se negó, pero terminé convenciéndola para salir, con la condición que le jurara que solo tendría la intención de ser su amigo. Obviamente le mentí. Dicen que es malo hacerlo, pero también, que en la guerra y el amor, todo se vale.

Varios cafés. Muchas cajetillas de cigarrillos. Interminables y entretenidas pláticas. Distintas películas en el cine, largas caminatas por el parque de su casa, miles de mensajes de texto, extensas llamadas y una noche de discoteca, fueron suficientes para enamorarnos.

Sin embargo, no todo era color de rosa. Ella tenía una razón muy fuerte para reprimir sus sentimientos hacia mí. Todos los días que la veía, me hacía jurarle que sería la última vez. Pero que puedo hacer, un hombre enamorado no tiene palabra cuando se trata de desistir. Lo que sucede es que según Jhasla, está maldita. Lo sé, suena totalmente descabellado, pero después de que me atropellara un auto, empecé a dudar un poco.

Lo que sucede es que el padre de Jhasla era un hechicero, de esos que adivinan el futuro y curan enfermedades…o las provocan. El punto es que aunque suene raro, se enamoró de su hija. Al principio parecía tan solo celos, no la dejaba frecuentar a ningún chico, ni tener amigos. Pero una noche, intentó poseerla a la fuerza. Gracias a Dios no lo consiguió y fue a parar a la cárcel. Pero antes de ser condenado a varios años en prisión, en el juicio, le lanzó una maldición a su hija. “Tus labios permanecerán siempre vírgenes. Si besas a algún hombre, morirá. No habrá amor en tu corazón. Solo le traerás dolor, muerte y sufrimiento a la persona de la cual te enamores”.

Ayer le dije a Jhasla que se olvidara por completo de lo que le dijo su padre. Que cerrará los ojos y me besara. Que no puede continuar viviendo de esa manera. Uno no puede tenerle miedo al amor. Dicen que solo te llega una vez y que si lo dejas pasar, puede que nunca más, vuelva en plenitud ese sentimiento.

- Te amo. Debes dejar de creer en esa estúpida maldición. Vamos, no puedes reprimir tus sentimientos. Dame la oportunidad de demostrarte que por ti, soy capaz de revertir cualquier maleficio, dije, acariciando su rostro y sonriéndole dulcemente.

Me costó, pero conseguí que me diera un fuerte abrazo y que gritara a los cuatro vientos que me amaba. Desafortunadamente, antes de llegar a su casa, al cruzar la pista, un ebrio conductor casi nos quita la vida. Protegí a Jhasla. Desafortunadamente salí bastante lastimado.

Tres de la mañana

- Será mejor que te vayas a descansar. Después de todo, por el momento no me moveré de aquí. Ya me has cuidado bastante.

- ¡Estás loco! Mírame como estoy. Por poco y me muero pensando que no la contabas. No me quiero separar de ti, dijo Jhasla, acercándose a mí y sentándose a mi lado.

Me arrimé un poco de la cama para que estuviese más cómoda, y le dije: “Este accidente ha sido una pura coincidencia. Ya ves, estás enamorada de mí y sigo vivo”.

- La maldición se sella con un beso, expresó con tristeza y desgano.

En la vida uno tiene que tomar decisiones. Tenía dos caminos, seguirle la misma cantaleta de todos los días o vulnerar todas las barreras y jugarme la vida por sus labios…Hice un esfuerzo, me senté rápidamente y la besé. Un corto y tierno beso.

- Aún sigo vivo, le dije con una sonrisa.

Jhasla empezó a llorar, no pudo contenerse más y se lanzó a mis brazos. La besé por varios minutos. Me sentía en las nubes y mi cuerpo temblaba. Imposible describir lo bien que me sentía. No hay mejor forma que demostrar el amor, con un romántico y duradero beso.

- Si muero…lo haré feliz, dije con mi particular sarcasmo.

- No seas tonto. Me quedaré toda la noche contigo. No me desprenderé de ti hasta asegurarme que nada malo te pase.

Me arrimé más, permitiéndole que se echara junto a mí. Una vez que lo hizo, la abracé.

- Nada malo me pasará. Mañana cuando despiertes, estaré a tu lado, abrazándote como ahora, le dije, unos segundos después de acariciar su cabello y darle un beso en la mejilla.

Los ojos me pesaban. Estaba muy cansado y anestesiado para no sentir dolor. Lo mejor para ambos sería dormir. Dentro de unas horas amanecería y permanecería junto a ella. Entonces le diré, al ponerse el sol, que la amo y que nada ni nadie, nos va a separar.

Jhasla despertó a las siete de la mañana. Julián la seguía abrazando, tal como se lo prometió. La guapa mujer de ojos de sirena, no dudó en darle un beso en la boca a su amado para levantarlo. Los labios de Julián estaban fríos y sus ojos no se volvieron a abrir.


Jhonnattan Arriola

sábado, 5 de junio de 2010

Aquellos besos que no di

Todo comenzó cuando tenía 16 años, y asistí por primera vez a la casa de Luisiana para celebrar su cumpleaños. Recuerdo que estaba algo triste porque había terminado con mi primera enamorada, bueno, en realidad ya había pasado como un mes, pero me hice todo un mundo. Como en todas las fiestas, mi buen amigo Diego, más conocido como Piwi, intentó reanimarme, con sus mil y un ocurrencias, agregando claro, sus sabios consejos de amor. “Hay muchos peces en el agua Tito, y hoy mi estimado, estamos en el océano”.

La Fiesta estaba en su punto, todos bailaban, bebían, reían, se divertían. Por mi parte, aproveché bien el momento y me hice más amigo de la cumpleañera, y me di con la sorpresa que era muy linda chica, no era nada creída, como la tildaban en el colegio. Pero de un momento a otro, toda aquella realidad estándar cambió. Siempre estará en mi mente aquél instante en que sin querer voltee, y miré más allá de lo que mi corazón herido quería ver. Su nombre era María Laura, y era amiga de la prima de Luisiana (No fue difícil averiguar esos datos, mi habilidad de mini espía me la hizo fácil). Su belleza era incomparable, su cabello negro azabache permitía que sus lindos ojos verdes resalten más. Su sonrisa era sexy y tierna a la vez. Una hermosura de pies a cabeza. Quise acercarme a invitarla a bailar, pero Piwi me detuvo, y dijo:”Vas a volar loco, ella ya te ha visto bailar, como toda mujer, ya te ha hecho el previo análisis. Tu bien sabes que eres un desastre en la pista de baile, no creo que quiera perder su tiempo contigo. Una mujer tan bella como ella, lamento decirlo, pero está fuera de nuestro alcance”.

Cómo es el destino, si le hubiese hecho caso a Diego, no hubiera conocido el amor. No hubiera sufrido tanto en mi vida. –Hola, disculpa ¿Quieres bailar?, le pregunté, intentado a mil no ponerme colorado -No, lo lamento, pero no sé cómo hacerlo. –Yo tampoco, respondí, totalmente desconcertado. – ¿Entonces por qué me sacas a bailar? Su pregunta era quizá la más inteligente que había escuchado en mi vida, así que merecía una respuesta a su altura. –Porque quiero conocerte.

María Laura y yo pasamos desde ese momento, toda la fiesta juntos. A pesar de ambos alegar no sabes bailar, lo hicimos casi toda la noche. Su perfume me envolvía en un sueño interminable y sentirla cerca de mí, sonriéndome, me hacía volar. Sé muy bien que debí escuchar más atento los consejos de Piwi respecto a cómo besar a una mujer en estas circunstancias. “Debes esperar que la chica te ponga la cara, te de la señal, y así podrás lograr un beso satisfactorio mientras bailan”. Sin embargo, me apresuré, me neceé, e intenté besarla en un momento no tan preciso, consiguiendo un rechazo y un final muy vergonzoso.

Es así como comenzó esta historia de besos frustrados, de amores perdidos y de corazones rotos.

Debo confesar que en un principio pensé que esa noche había acabado todo, que nunca más volvería a ver a esa chica tan bella, pero un año después, Luisiana hizo una fiesta por su cumpleaños nuevamente, y la volví a encontrar. Esta vez ya no intenté besarla, simplemente opté por la mejor opción, conocerla más, ganándome de esa forma, el sí para una cita en los próximos días. Pero lamentablemente desde ese momento me puse la soga al cuello. Nos volvimos mejores amigos.

Diez años de amistad plena. Diez años arto de excusarme por todos aquellos intentos de besos fallidos. En el cine, en las fiestas, tomándonos unas cervezas bajo mi escalera, escuchando música, en fin, en cada momento. No voy a negar que también intenté hacer mi vida, pero sus labios me llamaban, haciéndome perder el control de mí mismo. Si tan solo hubiese obtenido un beso, tan solo uno chiquito, quizá me hubiera contentando. Tonterías, no hubiese bastado. Yo quería su amor, ser parte de ella. Si bien es cierto nunca tuve el valor de hablarle claro, pero estoy seguro que ella sabía que moría por ser algo más que un amigo, sin embargo, inconscientemente jugaba a ilusionarme, con sus caricias, atenciones, detalles, entre comillas, amicales.

Se dice que entre un hombre y una mujer, no puede existir amistad si hay atracción de por medio. Se dice que el amor es un sentimiento que necesita ser alimentado para vivir. Se dice tanto, pero se sabe poco, no existe teoría cierta, que abarque en su totalidad la discordancia de este sentimiento, el cual no correspondido, es un castigo. Pero mucho peor, es mantenerlo en coma como en mi caso, corresponderlo a medias, darle su medicina de vez en cuando. Es horrible querer olvidar, pero no poder conseguirlo.

Tengo 26 años, y solo me he enamorado una vez. He vivido bien, pero no he sido feliz. Pero hoy llegó el momento de acabar con esta historia de besos no correspondidos. De aquellos que no di. María Laura se casa mañana, sé que lo mejor es afrontar las cosas y rehacer mi vida de una buena vez, afortunadamente ayer me emborraché con Piwi, llegué a mi casa tambaleando, junté fuerzas, y le escribí un email a mi amada. Una pequeña carta electrónica, que sintetiza toda nuestra historia. Logrando confesar de esta manera lo que en mucho tiempo, me fue imposible.

Simplemente te amo y lo he hecho desde que te conozco. El peor error de mi vida ha sido hacerme tu mejor amigo, sin antes aclararte mis sentimientos. Sé muy bien que nunca me viste como candidato para dueño de tu corazón, pero déjame decirte que para mí, significas amor. María Laura, por tu culpa casi muero atropellado en muchas oportunidades, ya que mientras escuchaba música con mi MP3, fantaseaba con esa escena donde por fin cedías a un beso mío.

Te pido que no te sientas culpable. Te deseo de todo corazón que seas muy feliz. Realmente lamento confesarte esto en estas circunstancias, pero bueno, ya me conoces, soy impredecible.

La boda de mi amiga salió fabulosa. Se le veía muy feliz. Me costó mucho, pero a la fuerza, a la mala, logré entender que solo amistad era lo que el destino nos había preparado. Pero por otro lado, dejando la melancolía, me siento algo entusiasmado. Es como si despertara de un sueño profundo. Estoy ansioso por comenzar desde cero. Como diría Pedrito Suarez Vertiz en una de sus canciones como sabio consejo. “Cierra tu historia de amor”.

Jhonnattan Arriola