En verano Punta Negra se convierte en uno de los balnearios más concurridos del sur. En invierno permanece casi abandonado, con pocas personas que prefieren residir en tan frío lugar. Mientras tanto, los veraneantes que partieron se pierden de misteriosos eventos que nadie sabe dar explicación.
Con ropa abrigadora se alista para emprender su viaje hacia una no olvidada playa del sur. Revisa su canguro. Lleva un lápiz, una libreta y una cajetilla de cigarros para hacer más placentera su excursión. Al subir al bus, tuvo una ligera impresión de que su viaje no sería aburrido, debió haber sido por el talento del chofer al corear las canciones de un grupo cumbiambero y por la elegancia del cobrador al gritar a todo pulmón los sitios remotos que faltan por recorrer. Luego de 2 largas horas, pisa la arenosa Panamericana Sur, y logra ver un cartel que anuncia que ha llegado a su destino: Kilómetro 48.9, Punta Negra.
Empezó a caminar como si buscara algo de sumo interés. Hasta llegar a una playa cuyo nombre no se veía por ningún lado. Curioso, le preguntó a un pescador que por suerte pasaba cerca de él. – Disculpa, ¿cómo se llama esta playa? Temeroso le responde: Revés, pero ni te acerques muchacho, sino quieres correr la mala fortuna de otros. Su respuesta lo dejó intrigado por lo que no dudó en preguntar a qué fortuna se refería. El señor muy amablemente le contó la triste historia de varias personas que fallecieron por culpa de esas aguas. – Estas aguas son bravas, cuando explotan en vez de botarte te jalan. Ansioso de comprobar esa teoría, se quitó sus zapatos y sus medias impresentables, y sí, logró su cometido, el mar casi lo jala. Aprendió a no subestimar al océano y menos a un pescador que no dejaba de burlarse de tan ingenuo estudiante.
Pasaba por una pequeña bodega y logró escuchar a un niño hablar sobre el castillo del Melgar. ¿Un castillo en Punta negra? Preguntó. Sí, le respondió, dicen que penan.
Es un castillo tétrico, descuidado, con rejas oxidadas y las maderas apolilladas. Toca las puertas de los vecinos para obtener un poco de información sobre tan escalofriante lugar, pero nadie pudo, o nadie quiso dar razón. Caminó una cuadra más, y entró a un mercado donde quizás podría enterarse de algo. Al preguntar sobre el castillo del Melgar es como si un temor extraño invadiera el cuerpo de las personas. – ¿Qué pasa? Preguntó. – No sé joven, no sé, anda a preguntar a otro lado estoy ocupada. Respuestas parecidas encontraba en varios puestos más. Hasta que una valiente anciana le dijo: Busca a Fanny, ella te dará razón.
Era como si todas las personas se hubiesen puesto de acuerdo en ocultar algo que el humilde aprendiz quería saber con anhelo. Después de que varias puertas se le cerraban, logró hallarla. Le contó que ella vivió en el castillo un tiempo pero nunca vio ni escuchó nada extraño. - Te han metido ideas a la cabeza, dijo. Resignado a no lograr saber con certeza si ocultaban algo o no, decidió retornar su camino a buscar una nueva historia que contar, hasta que un señor bien uniformado perteneciente a la PNP hizo nacer nuevamente su curiosidad. – Esa señora te miente, yo he escuchado bulla de allá adentro. No te diré más, culminó.
Datos insuficientes, por lo que tomó la extrema decisión de burlar a quien custodiaba el castillo y entrar sin que se diese cuenta, solo así podría averiguar que pasaba adentro. En su intento descabellado, fue sorprendido, lo que le obligó a huir.
Derrotado por la incertidumbre, se dirige hacia el paradero para regresar a su hogar. Para el micro y se da con la sorpresa que era el mismo chofer con talento para cantar y el cobrador elegante. - ¿Ya te vuelves para Lima? Le pregunta el cobrador. – Sí, aunque no pude conseguir lo que quería, le respondió. – ¿Qué buscabas? Cuestiona el cobrador – Saber algo sobre el castillo del Melgar. Un gesto de impresión se formó en la cara del cobrador y dijo que él había vivido mucho tiempo en Punta Negra y sabía muchas cosas del Melgar, como que en dicho castillo se celebran diversos eventos como quinceañeros, bodas, entre otros; pero también tenía su parte tenebrosa. – Dímela, exclamó como exigiéndole al cobrador. – Yo he escuchado cadenas y gritos dentro de ese castillo, dicen que son las almas de los fallecidos de la playa Revés, dijo el cobrador.
No se sabe con exactitud si en el castillo del Melgar penan o no, pero sí se demostró que hay una atmósfera de turbación en Punta Negra.
Aunque aún queda una interrogante, saber cuál fue el motivo por el cual los habitantes no querían hablar del tema. Miedo a lo paranormal, ¿quizás? Solo ellos lo saben.
EB