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viernes, 19 de agosto de 2011

En un parque de mentiras

Autora invitada: Maríacristina Vassallo

Caminaba entre la 27 y la 26 de Salaverry, buscando un teléfono público inexistente a mis ojos, crucé la calle, había un grupo de chicos que demostraban su arte callejero por un poco de dinero. Caminé rápido porque faltaban 5 segundos para cambiar el color rojo y me acerqué a un chico no tan alto, cabello largo ondulado, malabarista.

-Hola, disculpa. ¿Sabes dónde hay un teléfono público por aquí?

Me tocó el hombro, me sonrió y sus ojos verdes almendrados brillaban en los míos mientras yo sonreía.

-Mira, llegas a la esquina, al cruzar hay una tienda de rejas negras y ahí hay un teléfono.

- Gracias - le dije antes de partir.

Me quedé pensando: Qué lindo chico, qué arriesgada es su vida, tan poco necesita para vivir. Llamé a Isabela, no sabía dónde recogerla, así que quedamos en
encontrarnos en el grifo.

Regresé por el mismo camino, el frío era espantoso. Prendí un cigarrillo y seguí avanzando.

-Yo te dije dónde era el teléfono, ¿me regalas un pucho? – me dijo de repente.

-¿Me lo estas cobrando? Jajá, toma… ¿Me dices la hora? – le dije sorprendida y sonriente.

-Cinco y quince, señorita.

-Gracias.

Seguí con mi camino, hace tanto no coqueteaba con un hombre que me gustara tanto, que me hiciera perder el control de la situación.

-Le hago algún malabar y me dice su nombre – me dijo mientras se acercaba a mí

-Qué lindo, soy Fiorenza y tú.

- Gabriel.

Caminé menos de diez pasos, mi amiga cruzaba la pista y me hacía una señal con la mano, la esperé en la esquina con Gabriel. Se demoraba en cruzar y sin vergüenza volteé a mirarlo.

-¿Dónde vives?, me pregunté de repente.

-San Borja ¿y tú?

-En el mundo, donde sea feliz.

Mi amiga llegó y me abrazó.

-¿De dónde se conocen?

ÉL: De la calle

ELLA: Jajá, ya dímelo Fio

-Enserio, recién lo conozco

ELLA: Vamos a caminar, ¿Quieres venir Gabriel?

ÉL: Claro

ELLA: Chicos, ahora vuelvo mi hermana está afuera de mi pre esperándome, no me demoro, expresó Isabela después de varios minutos de andar caminando.

- No te demores.

ÉL: No te comeré.

Me senté junto a él, en la misma banca para presumir que no era nervios lo que tenía.

-Discúlpame pero seré sincero, eres linda y bastante.

-No sé qué decir, no me hables con tanta seguridad, por favor.

- ¿Estás nerviosa, no? Aún estás un poco roja

-Por favor, que seas lindo no significa que me provoques tantas cosas.

-Tranquila, te explico y ojalá me entiendas. No soy de Perú, soy chileno. Como te darás cuenta mi vida no es estable , nada es estable en mí, no tengo dinero, ni una casa, ni ropa, y a veces no sé dónde dormiré por eso es obvio que no puedo ofrecerte nada serio , tampoco quiero que me veas como un tipo que quiere algo libre, que te quiere solo en su cama y solo quiere tu cuerpo ,contigo no quiero nada que tú no quieras ,te digo lo que te digo porque el tiempo para mí es valioso , no sé si mañana esté acá de nuevo contigo y menos aún sé si vuelvas a venir y volvamos a hablar, si de nuevo estaremos solos , en verdad no sé nada de la vida.

-¿Me estas jodiendo? Mira Gabriel, si quieres un polvo conmigo no necesitas cursilerías. Se directo porque con palabreos y mentiras no llegas a nada.
Se quedó callado, me miró y caminó algunos pasos.

-¿Me respondes?

-¡Por la madre mía! ¿Tú no me crees nada, no? Está bien, no me creas y no tienes porqué.

-Igual yo también quiero algo contigo, lo que sea pero quiero algo contigo y no importa si no dura o dura mucho.

-¿Hablas enserio?

-Muy enserio Gabriel, es probable que no te vea y no quiero dejarte ir ahora.

Lo miré y no resistí besarlo, lo cogí del rostro y comencé a probar sus labios al inicio era suave muy suave, pero me cogió el culo y nos besamos más rápido, fuerte. Sentí miedo, lo solté, lo empujé y salí corriendo de ese parque. Así estaba, corriendo como loca sin importarme Isabela, el ridículo, Gabriel, el polvo, ni nada, me dio miedo-hay el miedo- esa palabrita que todos conocemos, esa que te hace frenar o en mi caso largarte en pleno beso por la nada misma del cosquilleo del cuerpo.

No puedo mentir, corrí hasta transpirar en pleno invierno limeño y llegué a un paradero. Me subí a cualquier micro, todos me llevan a Javier prado. Quise tranquilizarme y me senté al lado de la ventana, ¿qué había pasado? ¿Por qué? ¿Quién era? Ya estaba muriendo de ilusión, fue rápido, corto, intenso, hermoso. Suspiraba en la ventana y ya no podía sacar la imagen, la sensación de su beso y las palabras que me dijo.

El celular me sonaba, no podía responder aunque fuese Isabela , que explicación le daría “salí corriendo de miedo , de pasión , de amor” ( no sé por qué salí corriendo) y así con mil preguntas en la mente , con la cobardía de la huida traté de poner mi mente en blanco mirando a la gente, los carros ,las tiendas y todo lo que estuviese ante mis ojos y así con mis esfuerzos de olvido el tiempo se hizo pasajero. Siendo sincera, no comí nada, no bebí nada hasta la mañana siguiente que llamé a Isabela para pedirle por favor que me encontrara en el parque cerca a Salaverry.

Ya eran las cuatro de la tarde, Isabela me llamó para confirmar si en verdad volvería y le dije que sí, no dejaría a ese chico así por así mientras pudiera tenerlo. Paré un taxi y le indiqué dos cuadras antes del grifo, quería caminar algo y estar más tranquila. El tráfico estaba tranquilo, llegué rapidísimo y llamé a Isabela, la vería en el parque pero a Gabriel lo vería antes, me bajé y ya me temblaban las manos. Saqué un cigarrillo, solo uno me calmaría- seguí caminado y rápido – lo vi de lejos sentado tomando una Coca Cola cuando no pude dar un paso más, había una chica sentada ahí con él. Saqué valor para caminar y ver mejor, cuando él se paró, la jaló de la mano, y la besó…

Ya se deben imaginar lo demás, no puedo negar que no lloré. Ahí me detuvo el tiempo y el miedo me hablaron en el silencio, el engaño a mi visión pero la razón le gano a todo lo que soñé en la noche anterior. Ahora que recuerdo a Gabriel, siempre guardó silencio y ni la música acompaña mis pensamientos, quizás era más cómodo vivir engañada por no regresar pero pasó y a pesar que fue hace dos años, a pesar de que fue un beso, unas cuantas palabras, el sabor de la mentira descubierta y el engaño consumado siempre dolerá aunque sea un poco cada vez que lo vuelvo a pensar.

Ayer vi a Gabriel, esta vez fue en Angamos. Estaba regresando de la universidad y me tocó la luna del auto. No hice nada, no volteé y a pesar de tener el semáforo en rojo aceleré lo más veloz que pude y gracias al cielo no se me cruzó nada ni nadie en el camino.