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lunes, 29 de agosto de 2011

No le gustas :(

Hoy como todos los domingos, el hermano de mi madre vino a mi casa con su esposa e hijo para almorzar y pasar una linda tarde familiar. Pero mi primito, el pequeño Carlitos de siete años, no estaba tan eufórico ni animado como de costumbre, una gran pena se plasmada en sus grandes ojos marrones. Mi tía me pidió que hablara con él, según ella quizá podía ayudarle a sentirse mejor, ya que nos llevamos muy bien. Carlitos había tenido su primera decepción amorosa. Se había enamorado de una amiguita del colegio, pero lastimosamente la pequeñuela no le correspondía en sentimiento. Felizmente se me ocurrió una idea interesante. Le contaré a Carlín algunas de mis derrotas amorosas de una forma divertida y con un mensaje positivo en el desenlace. Espero que funcione mi idea de devolverle la tranquilidad.

Sin cine y sin beso

Hace ocho años tuve mi primera cita oficial, a los 13.Todo el semestre de colegio, suspiraba de amor por Natalia y después de millones de intentos, logré que aceptara salir conmigo. Una semana intensa de sacrificios y de ahorrar pasajes para poder juntar el dinero necesario para la salida. Debía impresionar a mi chica. Yo asumiría todos los gastos. Recuerdo que para esa ocasión, vestí mis mejores galas e incluso, mi madre me peinó por última vez. Debía lucir como un artista de cine. Sin embargo, me llevé una gran decepción cuando Natalia me abrió la puerta, casi en piyama.

- Lo siento, Diego, se me hizo tarde para arreglarme. Pero no importa. Tu eres uno de mis mejores amigos, no me da roche que me veas así. ¡Veamos una película en mi sala! Será divertido. Hacemos canchita.

Obviamente mi corazón se rompió en un millón de pedazos y oficialmente, me dio la garroterra. En ese momento me di cuenta de algo muy cierto. A Natalia nunca le interesé más de la cuenta. No le gustaba como ella a mí. Una chica enamorada o que le simpatiza un chico, jamás lo recibe con lo primero que encuentra de vestimenta. Siempre tengamos presente esto. Cuando tengamos una cita, recojamos a la protagonista y ella salga despampanante, deslumbrante, es que vamos por buen camino. Un puntito a nuestro favor. Pero lastimosamente, no fue así para mí en esa ocasión. Me quedé sin cine y sin beso.

El Messenger engañoso

A los 15 años, me volví un galán cibernético. El verdadero hombre de emoticones. Tenía miles y para toda clase de momentos. Y es así, en esas circunstancias, que conocí a Teresita. Nos vimos por primera vez en un quinceañero, bueno, en realidad no hablamos ese día, pero le pedí a una amiga su correo y me dispuse a agregarla y abordarla con yodo, como diría mi buena amiga Andrea Sato.

En un principio todo era felicidad. Hablábamos hasta altas horas de la noche. Compartíamos experiencias y canciones. Siempre le preguntaba de su vida, quería conocer cada detalle de su ser. Hasta que una noche, ella comenzó a hablar de su ex enamorado, y yo, como un bobo, le seguí el tema hasta las dos de la mañana. Pensaba que la confianza que había depositado en mí en tan poco tiempo, indicaba un romance que se aproximaba como un tornado de corazones. Es así que aproveché el feeling del momento y la invité a salir. Esa fue la primera vez que me dijo que no.

Teresa nunca aceptaba salir conmigo y eso me parecía muy extraño. Siempre nos escribíamos, pero en verdad, su interés hacia mí no era como hubiese querido. Una noche me puso las cosas en claro. “Te veo como un amigo y no me gustaría que te ilusiones conmigo. Aún pienso en mi ex”.

Cuando uno conoce a una chica y empiezan una relación amical cibernética, hay un factor muy interesante. Si la fémina no quiere romper la muralla de la distancia, la frialdad de las teclas y caritas felices, es porque sinceramente, solo desea divertirse mediante ese medio de comunicación y no sueña con la posibilidad de que sea uno su príncipe azul. Triste y gris realidad.

Pensé que era un galán

Hace tres meses, a mis veintiún años, de verdad creía que me las sabía todas. Después de haberme ganado un par de diplomas por imbécil en el amor, sentía que conocía más a las mujeres y que ya no tendría más desplantes, que sabría mover cada ficha con mucha precisión. Pero lastimosamente, me equivoqué.

Una mañana del mes de Mayo, apareció una princesa, pura luz, pura vida, como diría el gran Daniel F. Karina es su nombre, y sus ojos celestes, una delicia. En fin, lo que sucedió fue que habíamos estado saliendo por más de un mes. Juro por Dios que pensaba que lo había logrado todo. Mensajitos a diario por celular, miles de post en nuestros muros de Facebook. Me sentía en la cima. Sin embargo, no contaba con su astucia.

Como todo hombre necio, ciego y enamorado, no me di cuenta de que sus constantes preguntas por el estado emocional, sentimental y físico de mi buen amigo, Miguel, tendrían mayor significado. La muy… amable mujer, se moría por mi compañero de carpeta y no sabía cómo llegar a él. Y no vio mejor técnica que recurrir a ganarse al mejor amigo. ¿Qué linda no? Le deseo lo mejor, de verdad. Qué sarcástico puedo ser. De corazón, espero que le caiga el planeta Saturno en la cabeza.

De vuelta con Carlitos

Después de que Carlitos escuchara muy atento mis anécdotas, no pudo evitar soltar una pequeña risa burlona.

- Pensé que nadie había pasado por algo peor que yo.

- Que te declares y te digan que no, no es nada del otro mundo, mi estimado. Siempre hay un roto para un descocido, como dice el dicho. Lo importante es no desesperarse. En el momento en que menos lo esperes, llega esa doncella. Quizá has tenido una pequeña decepción amorosa, pero eso no es nada. Vendrán muchas más y no debes preocuparte. De eso se trata la vida, de aprender de cada situación y ser mejores, le dije, con mucho cariño y amabilidad en mi tono de voz.

Carlitos volvió a sonreír. Me abrazó con ternura y antes de salir de mi habitación para comer la rica torta de chocolate que mi madre había preparado, me expresó con la mirada que ya se sentía mejor.

Me sentí muy feliz. Había logrado mi cometido.

Jhonnattan Arriola