martes, 8 de septiembre de 2009

Con la...de su hermana

Hace tres meses que he terminado con mi enamorada. Hace tres meses que no tengo nada con ninguna mujer. Hace tres meses que ni siquiera puedo ver una película para adultos, ponerme en modo un jugador, y hacer lo mío. Lo que trato de decir es que hace tres meses, tengo el muñeco decaído.

Me encuentro afuera de la casa de Christian, mi buen amigo que ha regresado con su hermana menor, después de un año de vivir en los Ángeles con su papá. Hace unos minutos recibí un mensaje de él que decía lo siguiente: “Ven a mi casa ahorita, es una emergencia”.

Toqué el timbre. Cuatro minutos después, una Ninfa me abrió la puerta. Mariana, la bella hermana de mi amigo, se había convertido en toda una mujer a sus dieciséis añitos. Su cabello laceo, castaño claro, se movía con la suave brisa de verano. Un peinado moderno de raya al costado, la hacía lucir sumamente sexy. Ni tan corta, ni tan larga, era su cabellera, que finalizaba en el punto exacto donde acaba el cuello, un poco antes de los hombros. Sus ojos verdes, lucían más claros debido a la luz del sol. La minifalda que llevaba puesta, dejaba al descubierto sus largas y bien formadas piernas. Un polito pegadito de tiritas rosado oscuro, aumentaba la sensualidad de su figura.

Mi fiel amigo, después de haber permanecido por tres largos meses dormido, despertó. Una erección a gran escala. Sentí que se me rompería el pantalón.

Mariana siempre ha sido una chica precoz, por decirlo de forma elegante. Recuerdo que trató de besarme en su quinceañero. Si hubiese sabido que en un año se convertiría en una Diosa, no me hubiese negado a aquél frustrado beso.

-Hola Mariana, qué gusto verte, dije, tratando de disimular mi erección, y las ganas que tenía de arrancarle la minifalda. –Me encanta como luces, te queda muy bien la barba, dijo de golpe.

Hace tres meses que no me corto el pelo. Hace tres meses que no me afeito. Estoy todo un naufrago.

-Gracias. ¿Está tu hermano? –No, él ha salido. Yo fui la que te envié el mensaje. Mi hermano se olvidó su celular, y lo tomé prestado. No hay nadie en mi casa y me siento muy solita. Pensé que quizá me podrías hacer compañía.
Lo mejor hubiese sido negarme, ahorita no me encuentro en condiciones de pensar. Yo tengo 20 y ella 16. Al diablo. Acepté.

Entramos hasta su sala. Un comedor de mesa de vidrio; unas sillas de madera; y unos lindos sofás de cuero blanco, adornan el lugar.

-¿Estás estudiando algo aquí en Perú?, piensas hacerlo?, pregunté, tratando de hacerme el serio. –No, por el momento solo estoy haciendo gimnasia. – ¿Y ya te abres de piernas?, pregunté con tono de violador aguantado. Estoy grave, no puedo contralar mis instintos. Mariana se quedó en silencio por unos segundos. No era mi intención hacerla sentir incomoda. Sonrió, me miró de una forma penetrante, y dijo: “Sí me abro de piernas, y lo hago muy bien”.
Hay dos posibilidades. Primera: Mariana es muy inocente, cosa que no creo. Segunda: Hemos caído en el morboso doble sentido.

Mi miembro me comenzó a hablar. “Compadre ataca de una vez. Olvídate que es la hermana de tu amigo. A ella le gustas. Se abre muy bien de piernas, qué más quieres”.

Enloquecí, mis hormonas estaban muy alborotadas. La embestí como un toro. La puse contra la pared, y la comencé a besar. Al principio se resistió, pero fue presa de mi experiencia. La cargué, y la lleve hasta su habitación. Abrí la puerta de una patada. La solté suavemente sobre su cama, cayó de espaldas. Posición perfecta para el Doggy Style (La pose del Perrito). La besé en la boca. Le besé el cuello. Metí mi mano por debajo de su polo, y le comencé a acariciar los senos. Al jugar con sus pezones, soltó un leve gemido. Intenté tocar con mi dedo anular y medio su clítoris. Lo logré sin ninguna dificultad. Este hecho me dio más tranquilidad. Mariana no era virgen. La comencé a masturbar, ella no puso ninguna resistencia. Se lubrico rápidamente. – ¿Te gusta?, le susurré al oído.–Sí, dijo ella, con un tono único de excitación.

No tengo condón. Lo más seguro que puedo hacer, es darle por el otro camino. Le bajé el calzón. Apreté su blanco, suave, y bello trasero. Le levanté la falda. Me bajé los pantalones y el calzoncillo. Mi mano, estaba con el peculiar líquido que vota una mujer cuando está excitada. Froté mi mano con mi miembro, para así lubricarlo mejor, y hacer más fácil su ingreso.

No pienso tratarla bien. No pienso ser dulce con ella. No pienso enamorarme de Mariana. Tan solo quiero hacerlo violento, salvaje. Quiero hacerla gritar. Quiero que sus gemidos se escuchen tan fuertes como los aullidos de una loba en una noche silenciosa.

Y así fue, le di por atrás. Sin piedad. Al parecer le gustó la idea, ya que decía: "¡Sí, sigue así, dame más fuerte, más duro, no pares!".

En la noche. Después de bañarme, afeitarme, y cortarme el pelo, me fui a tomar unas cervezas con Christian.

Ambos quedamos ebrios. Sentados en las escaleras del patio de su casa, dijo: Te veo diferente, más feliz, te apuesto que has tirado”.-Sí. –Pendejo, ¿con quién?, preguntó. Lo miré fijamente, solté una pícara risa, y finalmente, dije: “Con la zorra de tu hermana”.

Jhonnattan Arriola


sábado, 5 de septiembre de 2009

Y de pronto, una llamada

Pensar que el alcohol te hace olvidar algunas penas tal vez sea lo correcto, tal vez no. Pero nunca es malo perder el control aunque sea por un corto lapso de tiempo. No es que sea alcohólico, pero es la verdad. Durante esas pocas horas de embriaguez, uno se siente feliz y libre de culpa alguna. Pero qué pasaría si tras tomar varias dosis de ese remedio amargo, dices algo que nunca debiste decir...

Septiembre 2012. Domingo por la noche. Acabo de llegar a mi casa. Me siento fatal, no tengo como llenar este vacío que por mucho tiempo está acabando conmigo. Es difícil de admitir pero no dejo de pensar en ella.

Aún recuerdo aquel día hace ya más de 3 años cuando le dije que fuese mi enamorada, que ingenuo. No la conocía ni una semana pero me atreví a decírselo. Sorprendentemente aceptó y desde ese día mi vida cambió.

Será posible que después de tanto tiempo, no se pueda borrar un falso amor de la cabeza? A mí me pasa, y no sé que hacer.

Hace días que no veo su nick en mi pantalla, lo cual me trae nostalgia. Ya no recibo esas llamadas restringidas en las que sabía que era ella.

Estoy un poco mareado, tengo a mi lado una botella de ron y no quiero desperdiciarla, así que de a poquitos voy acabándomela.

Al culminar de beber mi décimo vaso, corro y le pido a mi primo, quien vive conmigo, que me preste su celular para hacer una pequeña llamada.

- Alo? Contesta ella.

Con un “alo” bastaba, el fin era escucharla, un segundo, pero escucharla.

- Solo llamaba para saber como estabas…

Sorprendentemente me reconoció y empezamos hablar, como los buenos amigos que somos. No quise que supiera que estaba borracho. No era necesario. Pero el ron jugó en mi contra y empezó a rebelar sentimientos que deberían estar sepultados.

Se me hacía imposible parar, una voz en mi interior me decía:
“Sigue y sigue, dile lo que sientes”. Pero ella fue más astuta. Con una simple pregunta hizo que me callara.

- Tú me amas? Preguntó

Un sudor frió corrió por mi frente, y no supe que responder. Colgué.

Mi pequeño mundo quedó completamente nublado. No sabía que hacer. Prendí un cigarro, y sin fumarlo veía como se consumía poco a poco, tal como pasaba conmigo
Voy más de 3 años pensando en ella y hasta ahora no sé cual es la cura para librarme de este sentimiento insaciable.

Mi celular suena. Es ella.

- Alo?
- Respóndeme, me amas?

Una pregunta difícil de responder, y no porque no lo sienta, sino por lo que pueda pasar.

- Tengo miedo.
- Miedo? A qué?
- Miedo a amarte. Cuelgo.

No sé si fue lo correcto decírselo, pero me sentí libre por algunos segundos, como si hubiese descargado algo que hace mucho debí soltar. Estoy seguro de amarla, no tengo duda alguna, pero debí callar, debí convertirme en un vil mentiroso, y ocultar la verdad. No estoy seguro de que ella sienta algo por mí. La intriga me corroe. Sería muy arriesgado preguntárselo. Termino mi botella de ron y marco sus 9 dígitos que me sé de memoria.

- Alo?
- Dime la verdad, tú sientes algo por mí?

5 segundos de silencio. Un corazón a mil por hora. Manos sudorosas. Cuerpo temblante. Perturbado, esperando su respuesta.

- Tal vez. Responde.

Ni sí, ni no. Tal vez. Existen tantas formas de interpretar su respuesta, pero para mí, un tal vez no es suficiente.

No quiero seguir más con un amor que no es correspondido. Un amor que ilusiona y engaña enseguida. Un amor que crece y lastima día a día.

Te olvidaré? Ojalá, algún día.
Te amaré? Quizás toda la vida.

Sería distinto si estuvieras conmigo, princesa.

Mi princesa.

EB