No es objetivo. No es inmortal. No es tangible. No es veraz.
No es presente, ni pasado, pero en ocasiones, es futuro.
No piensa. No cree.
No quiere. No existe. No está, ni estará. Pues parece que se equivocaron al
crearlo, al pensarlo y compenetrarlo en
una vaga identidad.
Ríe y piensa, pero jamás concluye. Parecen que se
equivocaron cuando los pinceles pintaron los bocetos que estaban con un
borrador encima. A veces abrimos las ventanas y dejamos escapar el alma,
atrapada y siniestra, pero al fin de cuentas, es nuestra.
No vale la pena actuar, pero a veces siente que es el mejor.
Todo se oculta, y por ratos se destapa; pero nunca se sabe. Nunca.
Parece que se equivocaron al señalar el sol. Ama la luna y
también el cielo cuando hay una sola estrella. Sonríe por todo, llora por nada.
Camina descalzo y anda con sombrero. Encierra sus ideas porque no le gusta
compartirlas. Egoísta, hasta el cansancio, e inmune a cualquier sentimiento de
culpa.
Las luces lo conducen a casa, y su mente, a lo verdadero, a
lo intenso. Muchas veces en las alturas, y otras, atrapado en un suave
subsuelo. Parece que se equivocaron al hablar de distancias o caídas volátiles.
Uno llega a las nubes con un solo suspiro, sin influencia externa o ticket de
avión.
No calza, no camina, ni respira. Muchas veces patina en
interiores y recorre ideas consumidas por colillas coleccionadas en un viejo
bolsillo.
Se despide, pero jamás saluda. Piensa con el estómago vacío y
con un solo latido en el pecho. Convive pero no acompaña. No está solo. No refleja.
No sigue. Parece que se equivocaron al abrirle un camino cuando tenía en frente
dos riachuelos en busca de una cuenca más amplia.


En la calle, en la sala, en el techo, en el bosque, pero
nunca en el aire. Descendiente, heredero y cobarde. Parece que se equivocaron
al pronunciarlo, porque nadie sabe, en realidad, cómo deletrearlo.
Hablo de ti. Hablo de mí. Hablo de él. Hablo de ella. Hablo de eso. Averígualo. En tus ojos está la respuesta.




