Mostrando entradas con la etiqueta soledad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta soledad. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de marzo de 2013

Living Soledad

Llueve como en ninguna otra noche. El frío me aturde, me confunde. Mi cuerpo tiembla al compás del viento. Me siento un espectro en la oscuridad, deambulando a paso lento en la orilla. Desafío al mar, arrojándole una piedra con todas mis fuerzas. Intento bloquear mis sentidos, pero no puedo evitar pensar en ella. El recuerdo de su piel me eleva al infinito, como droga alucinógena.

 
Soledad:

Jamás olvidaré la primera vez que la hice mía. Sin saber su nombre, nos sumergimos al fuego del placer, sin preguntas ni reclamos, solo nos dedicamos a dar lo mejor en la cama. Una vez al mes, sin falta iba a visitarla. Ella trabajaba en Céfiros (El mejor burdel de Lima). Un amigo me recomendó el lugar, y por curiosidad, con una buena dosis de tristeza, fui a invertir mi dinero en amores de una noche. No fue difícil  decidirme por Soledad, sin duda, era la ninfa más hermosa del local. Su piel canela era una tentación, y su sonrisa, la coquetería echa gesto. Su figura esbelta y sus curvas seductoras, me enamoraron a primera vista. Me la llevé a la cama, disfrutando al máximo cada segundo a su lado. La besé y acaricié a mis anchas. No se negó a ninguna de mis peticiones, obediente, cumplió su misión de hacerme estallar de placer.

La primera vez que partí de Céfiros a mi casa, no entendí por qué diablos había caído en ese lugar. Como un niño asustado, me juré nunca más volver, sin embargo, no pude ser firme en mi decisión. Poco a poco, empecé afilar el cuchillo, que finalmente, terminaría penetrando mi alma, dejándome en el vació.

Mi nombre es Arturo Quiroz, soy arquitecto con una maestría en Negocios Internacionales. A mis 35 años, entre comillas, mi vida debería ser perfecta. Tengo dos hijas, Teresa y María Gracia…Dios, realmente muero por mis niñas. Si he llegado tan lejos en mi vida profesional, ha sido sin duda por ellas. El simple hecho de imaginar que les espera un gran futuro, me da fuerzas para seguir trabajando, día y noche, superando mis propios límites. A su vez, no puedo dejar de darle crédito a la mujer que nunca dejó de confiar en mí. Cuando no tenía dónde caerme muerto y ahorraba para pagarme los estudios, trabajando en un Fast Food, ella no dejó de alentarme y apoyarme para que cumpla mis sueños. Camila es una estrella en mi vida. La amo con todo mi corazón. Ser su esposo es lo mejor que me ha pasado en la vida. Sin embargo, de un momento a otro, la soledad invadió nuestra cama, convirtiéndonos en dos extraños de sábanas compartidas.

Camila:

¿Cómo se puede acabar una relación de tantos años? ¡Coño! ¡El amor no se puede ir así nada más, por la reparimpamputa mierda! Me siento fatal, mientras le sonrió como imbécil a mi esposa, diciéndole: “Te amo, mi amor. Nos vemos en la noche”. Me voy a trabajar hecho un demonio por dentro.

Todos los días me rompo la cabeza y no doy con el problema. Juro que he pasado noches en vela reflexionando al respecto, esperando encontrar una solución, pero ha sido inútil. De un momento a otro, Camila se mostró muy fría conmigo y por más que le preguntaba el porqué, jamás se tomó la molestia de darme las explicaciones del caso. La muerte fue lenta, silenciosa. El desamor es un cáncer maligno, que mientras piensas que todo anda bien, se va ramificando por dentro.

Y así fue, de compartir noches infinitas, a casi no pasar ni un instante juntos, de conversaciones extensas, a banales y cortantes…de fingir algunos dolores de cabeza en la cama, a prácticamente renunciar a hacer el amor. Sin previo aviso, empecé a sentirme solo al lado de mi esposa. Intenté de todo para recuperarla, detalles, cenas románticas, entablar forzadas pláticas al respecto, seducirla, pero fue inútil. Al parecer la química que nos había unido todos estos años,  había desaparecido. Solo me quedó contemplar, cómo mi vida amorosa se iba cayendo a pedazos.


Fueron meses de tortura, fingiendo que todo andaba bien, sin atreverse a poner un alto. Camila y yo nos consumíamos en la misma habitación, luchando a ciegas por nuestras hijas, vendiéndoles un mundo de mentiras. Hablándoles del amor, mientras nosotros ya no lo sentíamos.

Finalmente, di a parar en “Céfiros” buscando un consuelo, ebrio de mis penas, cometí el mejor acierto o el peor error de mi vida. Después de 5 meses sin tener intimidad con mi mujer, sin escuchar siquiera de sus labios un “Te quiero” preferí acostarme una sola noche con una prostituta, a engañarla con alguna amiga, involucrando más que un sueño de cama. Sin embargo, jamás imaginé que el silencio de Soledad y la entrega de sus caricias, me hiciese regresar, para saber más de ella, y sin querer, enamorarme de la fantasía que representaba para mí.

Cada vez que iba por Soledad, pagaba por ella para llevármela toda la noche (Mi esposa nunca me preguntaba por qué no llevaba a dormir. Al parecer, ya no le importaba). Al principio, nuestro encuentro era enteramente pasional, teníamos sexo hasta quedar inconscientes del cansancio. Pero con el tiempo, simplemente conversábamos, salíamos a pasear y nos contábamos nuestra vida. Ella soñaba con ser cantante, tenía una voz hermosa. Mi sentido del oído llegaba al éxtasis al escucharla. Era fascinante verla darme un concierto en la habitación del hotel, imaginándonos que nos encontrábamos en un gran escenario, y que yo era su fan número uno.

Teresa y María Gracia

Ya lo tenía planeado. Iba a fugarme con Soledad. A las once de la noche la recogería del hotel y nos largaríamos a Argentina (Había conseguido un gran proyecto profesional allí). Al diablo con todo, pensaba, iba a dejar el 100% de mis pertenencias en mi casa para que nadie sospeche. Sin embargo, una conversación con mis hijas, cambió totalmente mis planes.

Estaba en el patio de la casa, fumando un cigarrillo, mientras mi esposa, fingía estar dormida un viernes a las 8 de la noche. De pronto, sentí un cariñoso dedo martillando repetidas veces mi espalda. Giré,  y  la sonrisa de Teresa, me llenó de paz. Mi Teresita llevaba de la mano a su pequeña hermana, juntas, tenían algo que decirme.

Papá, mami está triste, la hemos escuchado llorar en su cuarto. ¿Crees que sea porque cancelaste el viaje que teníamos planeado a las playas de Grecia? Ella estaba muy entusiasmada, al igual que nosotras. Papito, ya casi ni te vemos. Últimamente ya no nos cantas nuestra canción antes de dormir. ¿Nos hemos portado mal, papito? Si es por eso, venimos a pedirte perdón para que puedas volver a jugar con nosotras”.

Teresa tiene 6 añitos y María Gracia 4. Si bien es cierto siempre lo han sido todo para mí, fue en ese momento en el que desperté por completo, en el que me di cuenta de lo miserable que sería sin ellas. Había sido el peor padre del mundo por pensar en la posibilidad de dejarlas. Así que conteniéndome las lágrimas, acosté a mis niñas, cantándoles su canción, y fui a despedirme de Soledad para siempre.


Grecia

Han pasado dos meses desde que le dije a Soledad que lo nuestro era una locura. Que la promesa que le hice de llevarla a Argentina para que nunca más volviera a trabajar en un burdel…no la podría cumplir. No la protegería por siempre, tal como se lo dije entre lágrimas una noche. Sería un tonto si dejaba de luchar por mi matrimonio,  y ella debía entenderlo.


Romper un corazón es fácil, pero vivir sabiendo que lo hiciste, te carcome por dentro. Mentiría si dijera que no la volví a buscar, no con la intención de retractarme, sino de pedirle perdón por mi determinación insensible. Pero no la encontré. Había dejado de trabajar en Céfiros y nadie sabía su paradero.

Ahora, frente al bello mar de Grecia, lloro una vez más. Lloro por mis hijas, que a pesar de que las veo a diario, me siento lejos de ellas. Sufro por mi mujer, porque sé que le he fallado y no me atrevo a confesarle mi crimen de amor. Mi alma grita por Soledad, porque no sé nada de ella…y su recuerdo me persigue sin cesar.

-       ¡Arturo!

Alguien gritaba mi nombre y se acercaba a paso acelerado. Estaba en blanco, sumergiéndome cada vez más en el mar.

-       ¡Arturo! ¡Qué diablos haces!


Camila me despertó del trance y me jaló nuevamente a la orilla, dándome unas cuantas cachetadas para que reaccionara.

-       ¡Arturo, reacciona, por Dios!, exclamó Camila, sin dejar de darme leves bofetadas en las mejillas.

Vi a los ojos a mi esposa. Me quedé perplejo ante su mirada. No me contuve más y caí en llanto. La abracé como un niño y le dije lo mucho que la amaba.

-       Perdóname, Arturo, perdóname por todo. Te he hecho mucho daño…

-       Ya no digas nada. No tiene caso.

Nos miramos a los ojos. Ambos estábamos llenos de tristeza. Pude darme cuenta en su mirada que estaba destrozada, se aferraba a mi pecho con fuerza, mientras no dejaba de sollozar.

-       Arturo, te he fallado. Hay tanto que no te he dicho. Fui una estúpida. Siempre andabas viajando, trabajando hasta muy tarde. Nunca tenías tiempo para mí. Todo era prioridad antes de pasar un rato a mi lado. Venías cansado y lo único que querías era hacerme el amor...a pesar de que eras mi esposo, me sentía usada. Y en la última salida que tuve con mis amigas, conocí a un tipo, un patán, sin embargo, busqué equivocadamente en él la atención y el cariño que tú no me dabas. Felizmente me di cuenta a tiempo y lo mandé a rodar, pero ya no tenía cara para mirarte a los ojos. Y justo en ese momento, empezaste a cambiar, a esforzarte más por los dos, y yo ya no podía más con la agonía de la culpa. Por eso empecé a evitarte, a volverme fría. Hasta ahora, que quiero que sepas que eres el hombre de mi vida. No puedo vivir sin ti…de verdad no quiero perderte. Arturo, te amo, te amo tanto…

Mi corazón se paralizó. Cerré los ojos por unos segundos con la esperanza de abrirlos y encontrarme en otra dimensión, sin embargo, seguía frente a ella, abrazándola.

- Yo también me he equivocado, Camila. Pero si estoy aquí contigo, no es para mirar atrás, sino para olvidar todo lo malo y salir adelante por nuestras hijas.

Camila me plantó un beso en los labios. Me resistí al principio, pero finalmente me entregué a la pasión del sentimiento. Esta noche no quiero pensar en nada más. Le haré el amor a mi mujer y despertaré a su lado, diciéndole que aún la amo. La herida aún sangra en nuestros corazones. Dudo mucho que se pueda reparar en su totalidad. Pero por Teresa y María Gracia, vale la pena luchar hasta el final. Así como ella olvidó a su amante, lo más probable es que con el tiempo, deje de pensar en Soledad.

El desamor no tiene cura. Pero el amor lo puede todo.

Jhonnattan Arriola Rojas

domingo, 24 de junio de 2012

Nadie dijo


Nadie dijo que vivir sería fácil, nadie dijo que ser mujer fuera fácil, y mucho menos crecer y darte cuenta que no te gustan los chicos, sino todo lo contrario. En conclusión: Vivir y afrontar no es cosa fácil.

Abrí los ojos, y como una fotografía, un escrito que decía:”Yo cuido tu sueños, mi pequeña”.

Melissa (en ese entonces mi novia) había tomado un pincel y había dibujado una sonrisa para mí -con ese y cien detalles más- pero luego de leerla, la busqué por mi cama, pero no, no estaba. Grité su nombre desde mi cuarto pero ya se había ido. Vi mi celular y tenía un mensaje, era ella:”Mi amor, ven a casa, mi mamá ya lo sabe, ven por favor, sólo necesito un abrazo tuyo, ven”. Como una bala en el cielo fue que llegué a su casa, estaba preocupada…

Toqué el 202 y escuché:

-¿Quién es?

-Hola, está Melissa?

-No, y deja de joder

J O D E R R R R

Sentí que ella estaba atrapada, que la habían ocultado en una cueva, que estaba en un rincón, sola, mirándome, que sus manos querían estar conmigo, pero todo era imposible.

Seguí tocando el timbre, su hermano gritó por el intercomunicador, pero yo ya había gritado su nombre por toda la calle. Su papá salió por la ventana y pidió “gentilmente” que por favor me fuera porque las cosas podían empeorar. Ese viernes yo no sabía qué podía ser peor que eso: Estar sin ella.

No estaba en discusión que fuera fácil para los padres entender que su hija de 18 años esté con otra chica,  ni tampoco que su madre pudiera encontrar todas las cartas que le escribí en un año de relación: No, era fácil.
No lo fue cuando nos dimos cuenta que éramos gays, y que nuestro amor era “como nosotras lo habíamos planeado”. 

Melissa  escapó de casa, y no fue una decisión fácil, cuando llamó para contarme su cometido, no lo podía creer, sólo pensé que desde ése momento nuestra relación iba estar en una copa de cristal.

Soy una mujer de instintos, y en esa llamada pude percibir que ella se alejaría. No quise aceptarlo, no me convenía, además ¿qué podía ir ma?

Cuando salí a verla pensaba en todas las cosas que podíamos hacer. Imaginé mucho. Estaba “convencida” que todo marchaba bien, que  tendríamos tiempo para nosotras. Ya tenía una lista de cosas que sucederían: Despertar una mañana y tener el perfume de ella en mis manos, despertar esa misma mañana y darle un beso en la nariz para que se sintiera segura, jugar a las peleítas hasta que ella me llevara al piso, y luego empezar otro juego aún mejor, hacerla estallar con solo mirarla, tenerla tan cerca y llegar a pensar que Melissa había sido lo mejor que estaba esperando.

Todo dio una vuelta increíble cuando me dijo que ya no me quería en su vida. Una vez más la palabra fácil aquí, porque definitivamente no fue fácil dejar una relación que había calado tanto, que había sufrido y vivido tanto, que amaba tanto, no fue fácil saber que estaba saliendo con otra chica, ni mucho menos que viviría tanto con ella.


 Déjame tu piel... azul



martes, 24 de abril de 2012

Parece que se equivocaron

No es objetivo. No es inmortal. No es tangible. No es veraz. No es presente, ni pasado, pero en ocasiones, es futuro.

No piensa. No cree. No quiere. No existe. No está, ni estará. Pues parece que se equivocaron al crearlo, al pensarlo  y compenetrarlo en una vaga identidad.

Ríe y piensa, pero jamás concluye. Parecen que se equivocaron cuando los pinceles pintaron los bocetos que estaban con un borrador encima. A veces abrimos las ventanas y dejamos escapar el alma, atrapada y siniestra, pero al fin de cuentas, es nuestra.

No vale la pena actuar, pero a veces siente que es el mejor. Todo se oculta, y por ratos se destapa; pero nunca se sabe. Nunca.

Parece que se equivocaron al señalar el sol. Ama la luna y también el cielo cuando hay una sola estrella. Sonríe por todo, llora por nada. Camina descalzo y anda con sombrero. Encierra sus ideas porque no le gusta compartirlas. Egoísta, hasta el cansancio, e inmune a cualquier sentimiento de culpa.

Las luces lo conducen a casa, y su mente, a lo verdadero, a lo intenso. Muchas veces en las alturas, y otras, atrapado en un suave subsuelo. Parece que se equivocaron al hablar de distancias o caídas volátiles. Uno llega a las nubes con un solo suspiro, sin influencia externa o ticket de avión.

No calza, no camina, ni respira. Muchas veces patina en interiores y recorre ideas consumidas por colillas coleccionadas en un viejo bolsillo.

Se despide, pero jamás saluda. Piensa con el estómago vacío y con un solo latido en el pecho. Convive pero no acompaña. No está solo. No refleja. No sigue. Parece que se equivocaron al abrirle un camino cuando tenía en frente dos riachuelos en busca de una cuenca más amplia.

En la calle, en la sala, en el techo, en el bosque, pero nunca en el aire. Descendiente, heredero y cobarde. Parece que se equivocaron al pronunciarlo, porque nadie sabe, en realidad, cómo deletrearlo.

Hablo de ti. Hablo de mí. Hablo de él. Hablo de ella. Hablo de eso. Averígualo. En tus ojos está la respuesta.








miércoles, 13 de julio de 2011

Mecánico suicidio en on


La continuación de Mecánico suicidio en off

(...)
La conexión tácita de armonía y aroma me trasportan a ese lugar lejano y bonito en el cual se podía respirar sin tanto peso en el cuerpo, aquellos días de color siempre entonaban bien con tu risa y mi pestañear.

Hoy salí a caminar por el mundo y solo he encontrado cientos de domingos en la arena y en las plazas, atardeceres que podían hacerse eternos y palabras que siempre podían aliviar esta sensación enferma que nos moldea a medida que pasan los años, a medida que crecemos y empezamos a sentir vergüenza de todo y de todos.

Qué fácil es ser niños y no tener todo este cúmulo de sinrazones que nos frenan y nos encierran en ese agujero negro tan reducido tan suyo y tan mío. ¿Por qué será que cuando los años empiezan a pasar, tus arpegios y la colocación precisa de tu capotraste metálico, empiezan a desdibujarse como una imagen sombría que solía tener mucho color? Qué bien entonaban mis sonidos agudos y los miles de motivos inocentes y livianos por cual podíamos reír, aunque no lo creas de vez en vez me suelo opacar, como niebla.

Nos es fácil querer salir al mundo como un torbellino sin camino y sin rumbo, muchos de mis sentidos incoherentes aunque se quedaron ahí, en las fogatas en los parques en las persecuciones de los policías, en mi nos hacemos los muertos, en mis mentitas y en mis piedritas de colores, esas mismas que dejé de coleccionar el día que me fui.

Esas tardes que podíamos mirarnos sin decir una sola palabra, esos buenos días que podíamos tener fe en lo que queríamos y no en lo que debíamos decir. Yo podía leer tu mirada cansada y sólo tú podías descifrar mis movimientos siempre al borde del éxtasis y la demencia. Qué fácil era ser uno mismo, me gustaría quitarme este escudo, porque también tenía el mío. Aunque nunca te lo dije, el mío era más perfecto, más imperceptible ante tus ojos académicos llenos de teorías y fórmulas químicas, biológicas, qué sé yo.

Sé que no era fácil dejar ese mundo que construyeron para ti. A veces pienso en tu graduación, en lo mágico que habría sido verte ahí parado frente a cientos de personas, de las cuales solo te interesaban unas cinco, me sentía orgullosa de ti, aún me siento. Pienso en tu discurso quizás me nombraste, me gusta pensar que es así. Me hace feliz.

Ayer te vi en el periódico y sentí esa mezcla inexplicable que denota felicidad y tristeza, era un artículo de nuevos métodos de saturación médica, entendí la quinta parte y el resto simplemente lo omití. Ya te esperan las grandes hospitales en Londres, Madrid y todos esos lugares enmayolicados que solías recortar en tu diario azul. Eran más de quince años de no saber del chico de cabeza de alcachofa, eran muchos días y ya había construido mi muro de concreto que bloqueaba todos los pensamientos relacionados a mi chico tabú.

Hace mucho no pensaba en ti, a decir verdad hace mucho que no sentía esa necesidad de escupirte y reprocharte ese domingo en que tiraste mis boletos y con ellos mis ansias de escaparme del mundo, ese mundo que a diferencia tuya habían destruido para mí. Dicen que siempre hay alguien para cada uno, créeme que me habría gustado ser esa para ti y tú ese para mí. Tú tenías alma y esa luz que muy pocas veces vi en alguien.

No, no quería que sueñes conmigo como pensabas, no te estaba regalando una licencia para volar, te estaba suplicando que me des autorización para abrazarme de tus alas y poder escapar de toda esta mierda que me acompañaba y que de vez en vez me atrapa en algún rincón de mi soledad.

No era fácil ver como mis dieciséis años se me escapaban de las manos y no podía hacer nada para retenerlos. Estaba cansada de lo mismo, de la historia de siempre, de sus golpes, de sus gritos, de su deporte favorito: hacerme corpúsculo inexorable e imperfecto. Quería huir, nunca te lo dije pero mi casa era un infierno, en donde yo no era precisamente el diablo. Yo necesitaba que me den algo más que polvo, habría sido tan hermoso escapar contigo esa noche, irnos a quién sabe dónde y aparecer en dios sabe qué lugar.

Probablemente tengas una casa preciosa, unos hijos saltando por el jardín y una esposa a lado de una piscina llena de besos y sonrisas, esas mismas sonrisas que me faltan cada vez que veo el reloj y me doy cuenta que la vida se nos ha pasado tan rápido. Desde que crecí crecimos, me repito diariamente, así me siento mejor. ¿Qué será de ti? No sé por qué, pero me gustaría encontrarte en algún respiro, quizás en algún sueño o tal vez en algún otro tiempo en que tenga más ovarios y no tenga que huir de algo que nunca hice. Sí, yo no me fui a volar al mundo como crees, yo me fui como un perro agazapado que busca comida y techo en otro lugar.

Otras veces pienso, en que debí obligarte a venir conmigo para que no te arrepientas después de que me vaya. Pero, mientras más pienso en eso peor me siento y las ganas incontrolables de llorar desbordan mis pupilas de lágrimas ausentes sin futuro y sin presente.

Qué hermoso es verte brillar, sin estas marcaras y cadenas que hoy me destruyen el cuerpo de a pocos. En un par de horas me tocará a la puerta la soledad y nos iremos a tomar un café en tu nombre, prometo no echarle azúcar y me conformaré con tres cucharitas de miel.

Hola mi chico tabú

Prefiero que pienses que recorro muchas ciudades y que esa luz tornasol que me envolvía por aquellos días nunca se disipó, es bueno que te quedes con mi imagen a todo color, para que cuando pienses en mi, sólo se te dibuje una sonrisa con esos hoyitos en el rostro.


No es a título personal,
pero si soy sincera,
es más fácil cuando no estás,
porque así me siento de luto.
Sin luz.Sin sol.Sin verbo.Sin cuerpo. Sin voz.

Jennyffer Salazar


viernes, 17 de septiembre de 2010

Créeme que estoy muerto

Si en algún momento extraño, cuando las penumbras de la noche arriban a tu imaginación, piensas en mí, solo quiero que me mires en tus recuerdos y creas que estoy muerto.

Una mañana desperté y ya no estabas. Te busqué en lo más profundo de mí y no te hallaba. Qué pasó. A dónde fuiste. Por qué no quisiste tomar el riesgo de aceptar que este corazón había cambiado. Que mi sentimiento por ti aún estaba presente. Que aún imaginaba una vida contigo. Pero, simplemente, huiste y me dejaste acompañado solo de lágrimas.

Sigo pensando que no fue un tropiezo haberte pedido un segundo de palabras. Y un abrazo. Y un te quiero. Y es que está claro, cuando un sentimiento se apodera del alma, ésta se descontrola, trae problemas, te hace sensible al amor, a la pasión y al barullo sentimental.

Todo es tan difícil de superar, sin embargo, cuando lo logras, amas y no dices más. No hay lugar al qué decir. Pero si lo haces, solo hay una respuesta mas no una explicación, que la encontrarás en ti, en tu corazón y, a la vez, a duras penas encontrarás el final de la ilación. Una ilación que alguna vez estuvo perdida, pero al vislumbrar una opacada realidad se dijo así misma: es momento de dar aún más.

Y eso fue lo que intenté. Dar más. Aún más. Luchar por el querer, pero fue tarde, ellos ya eran amantes.

De pronto los colores se tornaron grises. Aquella luz que un día apareció, hoy, se marchó, para continuar por el sendero de sombras y en voz baja decir: camina y lograrás esclarecer las penumbras que arribarán a su imaginación, la noche en que ella piense en ti.






Agradecimiento a:

Claudia Pasco http://claudiapasco.blogspot.com/

domingo, 18 de julio de 2010

Una amistad que vuela alto

Cada quien tiene su lugar favorito en el cual se puede sentir conectado consigo mismo y pensar en las cosas buenas o malas que le están sucediendo. Un parque, una terraza, un balcón, una habitación, entre otros; el mío, el aeropuerto Jorge Chavez. Sé que es poco usual, pero es en aquel lugar donde te conocí, ambos caminábamos con lágrimas en los ojos tras despedir a nuestros antiguos amores cuyo destino no estaba escrito en este país. Contamos nuestras historias y una amistad surgió así, de la nada, y te convertiste en mi mejor amigo. Mi charolastra.

Vivíamos a escasos metros, de vez en cuando me invitabas a almorzar gracias a tus habilidades culinarias. Tocábamos la guitarra juntos, formamos una especie de dúo musical que al final no tuvo mucho éxito, pero aquellos momentos hicieron que valga la pena cada minuto que “huevéabamos” juntos.

El día de mi mudanza fue uno de los más tristes que pudimos tener. Aún recuerdo que me ofreciste dinero para poder pagar el alquiler del departamento pero mi orgullo pudo más y decidí irme a uno más económico, no lo supiste entender y el rencor en ti empezó a nacer. Perdimos contacto desde aquel día. No contestabas mis llamadas, no venías a mis reuniones, desapareciste del mundo, y por más que hacía cualquier intento para volver a vernos, nunca aparecías.

Se me hace difícil comprender cómo fue que una situación tan inocente hizo que te sintieras tan ofendido. Sin embargo, tuve que continuar. Te consideré mi hermano, pero luego, no eres ni un conocido.

Un año más tarde, mientras caminaba por la avenida La Molina, recibí una llamada anónima.

- Hola, qué andas haciendo.

- ¿Quién habla?

Sentí un empujón y al voltear logré verte. Te habías dejado la barba, estabas mucho más gordo pero seguías con la misma cara de huevón. No sabía qué hacer primero, o sacarte la mierda por imbécil o simplemente saludarte. Me abrazaste y comenzaste a llorar. También yo.

Nos fuimos al parque de siempre, testigo de todas nuestras borracheras. Conversábamos como si nada hubiese sucedido. No valía la pena recordar el pasado que una vez nos separó. Rebobinamos e intentamos ponernos al tanto de todo.

- Planeo irme a Uruguay, mi mamá ya está allá – me dijo

- ¿Dentro de cuánto?

- Dentro de mucho, aún hay tiempo.

Fue raro volver a verte. Por mi mente pasaba la idea de por qué no volver a intentar, perdimos un año, sí, pero podemos recuperarlo con todos los demás años que nos esperan. No era una misión imposible, no para mí.

Salimos casi todos los días, recorríamos los lugares a los que solíamos ir. Y empecé a sentirme bien, por fin estaba recuperando a mi viejo confidente.

Fue un martes cuando recibí tu llamada y me dijiste que necesitabas ayuda con tus cosas porque te ibas a mudar.

Estuvimos en tu habitación haciendo las maletas mientras coreábamos La foto se me borró de Elvis Crespo. Dijiste que solo llevarías tu ropa, habías vendido tus tres muebles.

Terminamos, cinco maletas en total. Me acompañaste a la puerta, nos dimos un largo abrazo y partí. Al despertar, me puse a cocinar, te quería invitar a almorzar y así demostrarte que no soy un inútil en la cocina, tal como me lo decías a diario.

Salí a buscar un teléfono público y llamarte, pero en el camino me llegó un mensaje tuyo. Raro de tu parte, nunca me habías mandado mensajes de texto, siempre preferías llamar.

Hola Emilio, qué tal. Este mensaje es para decirte que estoy en el aeropuerto, mi avión para Uruguay sale en 15 minutos. Quiero agradecerte por compartir todo este tiempo conmigo y sobre todo, por haber sido mi amigo. Disculpa por no despedirme, no sabía cómo hacerlo. Te quiero mucho y te deseo lo mejor. Un abrazo. Tu charolastra de toda la vida.

Tomé un taxi rumbo al aeropuerto, no podía asimilar lo que estaba pasando. Estaba a 15 minutos de perder a mi hermano.

Llegué en 21 minutos y al entrar escuché una voz por los parlantes que decía: “El vuelo SG – 14 con destino a Montevideo, Uruguay, ha despegado”.

Salí, miré al cielo y empecé a llorar.

He andado solo, he reído solo, he llorado solo, me he emborrachado solo, he hecho absolutamente todo solo, y aunque me cueste admitirlo, sé que en el fondo, te extraño.