Mostrando entradas con la etiqueta Ex. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ex. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de mayo de 2011

Te recuerdo

Sin querer y sin buscarlo encontré esta pequeña historia que pensé había perdido. La escribí hace mucho y al publicarla no quise modificarla para que no pierda su estilo original. Leerla de nuevo me trae muchos recuerdos, y hoy los comparto con ustedes.

Por qué una persona puede extrañar con tanta pasión a otra, si tan solo son amigos. Mejores amigos ¿quizá? Lo dudo.

Seis meses atrás, aproximadamente, el significado de aquella palabra odiada por muchos y amada por otros, cambió, y de forma inesperada. La ilusión, capaz de hacer girar un mundo, sonreírle a la vida e imaginar que las palabras que escribimos en un cuadernito escondido se harán realidad; esta vez jugó en mi contra.

Me enamoré en una hora, estuve con ella veintitrés horas después. Pensar que había encontrado a la enamorada perfecta de buenos sentimientos, y por qué no decirlo, de buen cuerpo, me cegó por completo y no pude ver en lo que en verdad estaba metido.

Terminó conmigo a los dos días. Sufrí, lloré, ¿pero por amor? Algo muy difícil de explicar. Dio fin a nuestra relación para volver con su ex; yo terminé con mi ex para estar con ella.

Quise pensar que la superación sería lo más sencillo, continuar sin prejuicios, mirarla sin odio, y así lo hice, pero quizá no todo salió como lo planeé. Mi realidad, perdón, nuestra realidad fue otra, y muy distinta.

Días tras día, al vernos, le sonría, olvidé el rencor que en algún momento tuve, pero lo más escalofriante fue que poco a poco me seguía enamorando de ella. Pero en qué cabeza cabía poder vivir momentos especiales con alguien con quien no compartes nada, absolutamente nada, tan solo “amistad”.

Sin embargo, un día, de la nada, simplemente porque se dio, la bese, nos besamos. No duró más que dos segundos, pero fueron los dos segundos más increíbles que pude tener. Pero, ¿luego?

Hablábamos por celular. Conversábamos de cualquier tema menos del beso; es lo más común. Me dijo para salir, ir a no sé…a la deriva, pero ir. Y por supuesto, acepté.

Pasamos momentos inolvidables, para mí los fueron. Nos divertimos en el césped de un parque de San Isidro. Revolcones, empujones, juegos, todo era perfecto, hasta que sucedió. El ringtone de Tego Calderón en su celular empezó a sonar, no alcancé a ver quién era, pero ella en un segundo se puso de pie y se alejó.

Dicen que callar es de cobardes pero un valiente puede sufrir aún más. Igual, palabras vienen, palabras van, a excepción de que sean las esperadas. Temeroso, a su regreso, dudaba si preguntar o no de quién se trataba.

- Y bien – le pregunté titubeando.

- Qué pasa – me respondió con un gesto de extrañeza.

- ¿Quién fue?

- Ah…este…un amigo.

Por qué no aceptar lo dicho sin tener la necesidad de pasarlo por el detector mentiras interno que cada uno de nosotros tenemos. Además, cada quien es libre de su vida y nadie tiene derecho de reclamar, y mucho menos un “amigo”.

La vida es como una montaña rusa, tienes momentos en los que crees encontrarte en la cima del mundo, gritando a todo pulmón lo feliz que eres, pero siempre hay picadas donde el “carrito” se descarrila y cae sin compasión alguna.

Pero en ese instante quise sentirme mejor. No quise arruinar aquel momento en el que por fin estábamos juntos. Agarré su rostro y la besé.

¿Diez? ¿Veinte segundos? No interesa el tiempo, sino lo que se mostró en tan fríos y hermosos segundos.

- No puedo – me dijo alejándose de mí - Yo creo que tú sientes algo muy diferente a lo que yo siento.

- ¿Y qué es lo que sientes? – le pregunté temeroso por su respuesta.

- Te quise, en su momento. Los dos días que estuvimos me hiciste sonreír, olvidar y sentir que a alguien le importaba. Luego terminamos pero no volví con mi ex, simplemente salíamos y hasta ahora lo seguimos haciendo, y lo que siento por él es algo muy fuerte. – No pude evitar soltar unas cuantas lágrimas y seguí escuchando. - Me gusta tu compañía, pero es momento de parar. No es justo que te ilusiones conmigo. Lo siento.

- ¿Y por qué me lo dices ahora?

- Porque nunca más te lo diré. – Dio medio vuelta y la vi perderse entre los arbustos.

Y así se despidió de mí, sutil y dolorosamente. Debí haberme dado cuenta antes, quizá ahora estaría más tranquilo y dejaría de preguntarme a mí mismo porque me enamoré de ella, por qué no abrí los ojos antes y así darme cuenta de la fantasía en la que vivía y que yo había creado.

Quizá deba seguir su ejemplo y por fin decir adiós Taina, adiós.

No puedo evitar las lágrimas. Aunque haya sido hace mucho su recuerdo aún sigue aquí. Fuiste mi mayor ilusión y mi mente aún no logra celebrar tu despedida, menos ahora que encontré este texto.

Solo queda esperar. Quizá algún día…


jueves, 25 de noviembre de 2010

¿Por qué no hablarle?

Fue algo tan presuroso e inusual que no tuve tiempo para reaccionar. Me quedé varado en la nada, en una neblina profunda sin resplandor alguno. Pero, ahora sentado frente a mi ordenador me pregunto, ¿por qué no hablarle?

Eran casi las 7 de la noche, estaba listo para partir de mi centro de trabajo. Cogí mi mochila, amarré bien mis zapatillas y empecé a descender por las escaleras. Y a cuatro escalones del primer piso, estaba ella. Aunque se encontraba de espalda, la reconocí muy fácilmente. Pero no sé qué me pasó. Mis piernas se hicieron débiles y mi corazón empezó a palpitar cada vez más fuerte. Era inevitable, hace más de dos años que no la veía, pensé que ya todo estaba olvidado, pero la reacción que tuve me hizo dudar, y mucho.

Por mi mente pasaban recuerdos rápidos. Se llama Claudia, delgada y con rostro fino adornado de escasas pecas que contorneaban su nariz. Tuvimos un largo pasado, cerca de tres años de relación, quizá mis mejores tres años. Aún sigo sin entender cuál fue el motivo exacto por el que dejamos de frecuentarnos, y un día, sin razón alguna, ambos decidimos separarnos.

Fue raro, usualmente al finalizar con una relación uno se siente que cae por un vacío y poco a poco lo va superando, pero en mí, pasó todo lo contrario; al inicio me sentí bien, liberado, pero al pasar los días la fui extrañando, sabiendo que no había marcha atrás.

Y ahora, ¿qué me estaba pasando? Por qué estando parado a escasos metros de ella era incapaz de pronunciar su nombre, decirle ¡Claudia! Qué tal, cómo te va, hace dos años que no sé nada de ti, ¿aún recuerdas los momentos que compartimos juntos? ¿Te acuerdas las rosas que arrancaba de tu vecina para llegar siempre con un presente a tu casa? Dime que lo recuerdas por favor, ya que para mí es casi imposible sepultarlo.

Caminé unos pasos más, me acerqué hacia ella, pero mi cobardía pudo más y salí del edificio. En mi mente llovían los insultos hacia mi persona, hacia mi forma tan estúpida de reaccionar; pero en el fondo quería pensar que hice lo correcto, pero hubiese sido más fácil si supiera qué era lo correcto.

Tal vez nunca lo sepa y viviré lamentándome en recuerdos.