De enero a diciembre afloran las situaciones inversas cuando uno menos lo espera. Es momento de tomar decisiones aunque a veces nos preguntamos si es o no la correcta. Las luces se apagan y la claridad se disuelve cada vez más. Uno gira y un mundo vira, y es que cada uno de nuestros actos marca un nuevo punto de partida. El final no tiene fin, es un comienzo para algo que nos llevará a un inicio.“Te amo Rebeca” le dejé escrito dentro de su cartera antes de que tomara el avión que nos separara durante mis estudios universitarios. Ni siquiera pude despedirme de ella, sabía que rompería en llanto. O al menos eso esperaba. La cobardía no me dejó descubrirlo, y preferí construir en mi mente una escena perfecta después de abrocharme los cinturones.
Y es en esos momentos donde uno se percata que el presente es el porvenir y el olvido. No tenemos derecho a conocer el futuro, pero nada nos impide adelantarnos a él. Estaba dispuesto a dejar todo por ir a buscarla y culminar el capítulo que aún no habíamos empezado a leer. Ahí estaba, en la barra, sola, esperando mis palabras para decirme lo que tanto anhelaba, deliciosa en un vestido que atraía miradas, esperándome desde siempre.
Me acerqué con miedo, ya habíamos salido durante la semana pero esta ocasión sería diferente. Muy diferente.
- ¡Hey! - me dijo Rebeca sonriente.
Le di un gran beso en la mejilla y me pedí un trago.
- Me dejaste un papelito en la cartera, ¿no? – me interrumpió mirándome fijamente.
Quedé en silencio.
- Lo leí, sí... – continuó.
- Hace mucho que quiero saber…
- Eres increíble, ¿sabías? – Volvió a interrumpirme mientras acariciaba mi mejilla – No tienes por qué darme explicaciones. Eso fue hace mucho.
Dejamos de hablar por unos segundos, volteé nuevamente hacia ella y le dije:
- Aún me gustas
- Tú también me gustas, pero me gustas como un amigo, mi eterno compañerito. Es que… creo que no estoy hecha para las relaciones, desde que mi matrimonio terminó todo ha sido muy distinto. Un día me gustas tú, otro día me puede gustar Julián, otro David, y así.
- No Rebe, no entiendes. Esto no se trata sólo de un gusto. Yo te amo.
- No, no. Mira creo que sólo estás un poco confundido porque tampoco tus relaciones funcionaron. Imagino que dentro de poco volverás a Estados Unidos y estoy segura de que saldré de tu mente más rápido de lo que te piensas. Todo bien, gordito, tranquilo…
Sólo pude mirarla y mi cuerpo temblaba.
- Ya vengo un rato, iré a bailar con las chicas – me dijo. Se fue.
Sabía que decirle que me quedaría a contemplar su perfección y a mirarla sin cansancio por el resto de mi vida no cambiaría lo que pensaba de mí, su "eterno compañerito".

El tiempo de espera se esfuma con palabras que se llevan tu esencia y dejan mi vida vacía. Todo pasa y nada queda, y lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos que nos lleven a la eternidad, una eternidad que terminará cuando inicie un nosotros.


Recuerdo a la perfección las tres horas que pasé en un parque de San Isidro pensando en ella, haciendo una canción donde cada estrofa llevaba su nombre. Nunca supe en realidad lo que sentía por ella, éramos amigos pero existía un vínculo muy fuerte. Si no era amor, era algo muy parecido.

Pasamos momentos inolvidables, para mí los fueron. Nos divertimos en el césped de un parque de San Isidro. Revolcones, empujones, juegos, todo era perfecto, hasta que sucedió. El ringtone de Tego Calderón en su celular empezó a sonar, no alcancé a ver quién era, pero ella en un segundo se puso de pie y se alejó.

