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lunes, 27 de febrero de 2012

Tu lado romántico II

París
Segunda parte
Para leer la primera parte sigue el siguiente enlace: Tu lado romántico

Muchas veces nosotros mismos no sabemos en qué vida nos encontramos. O en qué vida nos gustaría vivir. Necesitamos de otros para que nos digan hacia dónde vamos y qué es lo que estamos haciendo. Al menos eso pasa conmigo.

Esa noche salí con Giulia de la discoteca sin rumbo y destino. Ella saltaba y por ratos se dejaba llevar por el fuerte viento que venía en dirección contraria a nosotros. Yo sólo miraba.

Eran las 5:05 de la mañana. Faltaban más de tres horas para que amaneciera. Giulia caminaba dos metros más adelante. Yo disfrutaba de la vista.

- ¿A dónde vamos? – Le pregunté.

- No seas ansioso. Ya falta poco – respondió casi gritando. Se acercó hacia mí y tomó mi mano.

París es una ciudad que realmente te enamora. Nadie se conforma con ser el espectador de la historia, todos quieren ser los protagonistas y vivirla. Cada quien escribe su propia novela, sabe el orden de sus capítulos y más aún está al tanto de dónde terminar. A diferencia mía, yo no sabía dónde, cómo y con quién terminaría. Y me gustaba.

Giulia empezó a correr. Aceleré el paso para poder alcanzarla. Luego de dos cuadras, se detuvo. Extendió sus brazos, cerró los ojos y en su rostro se dibujó una sonrisa. Al llegar, tomé su cintura. Ella agarró mis manos y las extendió junto a las suyas. Tiró su cabeza para atrás y en voz baja, muy cerca del oído, me dijo: “Apuesto a que nunca habías visto algo como esto”. Suspiré.

La vista era realmente hermosa. Las calles iluminadas de amarillo le daban un aire muy cálido a la ciudad. Y las aguas del río de Seine hacían que ese momento se vuelva musical. A los lejos veíamos pequeñas embarcaciones flotantes y poco a poco íbamos sintiendo como la brisa acariciaba nuestros rostros. No era la primera vez que estaba en el Puente “Neuf” en el barrio de Saint-Michel; sin embargo, esta ocasión era distinta, muy distinta; y, sobre todo, especial.

- Siempre vengo acá cuando quiero ser feliz y tengo ganas de enamorarme de mí misma – me dijo mirando al cielo – Para mí, este es el lado romántico de la ciudad.

Bajamos los brazos y se fue acurrucando en ellos. Nos quedamos en silencio. Moría por besarla. Era la escena perfecta, la atmósfera que habíamos creado lo ameritaba.

- ¿Y tú, ya descubriste tu lado romántico? – Me preguntó mientras giraba para ponerse frente a mis ojos.

- Estoy perdidamente enamorado de París. Cada rincón que visito me hace pensar que es mi lugar favorito. Sería difícil elegir sólo uno.

- No hablo de un lugar. Hablo de ti.

La miré un poco confundido. Sus ojos estaban brillosos. La noche estaba por terminar. Alzó su mano y la puso encima de mi pecho.

- Todos tenemos un lado romántico en nuestro corazón. Hay que descubrirlo. A veces necesitamos de otras personas para hacerlo. – Me dijo.

- He estado con muchas personas. Pero creo que nunca vi o presencie un lado romántico.

- Quizá estuviste viendo el lado equivocado.

- ¿Y cuál es el correcto? – Le pregunté.

Acarició mi mejilla y deslizó su mano hasta llegar a mi cintura. Juntamos nuestras miradas y vi más allá de sus ojos. La miré una vez más, ella sonrió y terminamos la escena con un beso. Un beso largo, muy largo.

- Parece que ahora empiezas a descubrirlo. – Me dijo.

Asentí con la cabeza y continuamos. Esa noche hicimos el amor.

Ya había amanecido. Eran las 11:05. Mis clases habían empezado hace dos horas.

- No te sientas mal. Podemos recuperar esta clase el sábado.- Escuché decir a Giulia. Esa noche dormimos en su habitación de la residencial.

Recuerdo lo sexy que se le veía usando mi camisa. Sólo la camisa. Contorneaba con elegancia su figura, luciendo a la perfección sus suaves y redondos senos, acompañados de un hermoso trasero que no dejaba de moverse alrededor de la habitación mientras buscaba algo para desayunar.

Aquella mañana nos dedicamos a hablar de nosotros. No necesariamente de lo que habíamos hecho, sino de qué es lo que teníamos planeado hacer. Le comenté que luego de París, tenía planeado un viaje más; un tour que me llevaría desde Madrid hasta Roma. Y sonrió. Ella viajaría luego a Ecuador para llevar un curso de seis meses de español.

Le conté a Tiago todo lo que había sucedido, pero él fue muy frío con su respuesta: “Me alegra mucho que te estés divirtiendo, aunque creo que te estás olvidando de lo que te dije. Todo puede ser muy bonito, pero de lo bueno… poco. ¿Me entiendes? Aún te quedan unas semanas en París. No te enamores. Sé lo que te digo”. Y lo vi alejarse de mí.

No le hice caso. No pretendía enamorarme de alguien; mis días en París cambiaron desde que Giulia se cruzó en mi camino, y no quería perder esa sensación. Menos aún quería pensar en la despedida. Durante semanas salí con ella. Montábamos bicicleta juntos y esa era nuestra mejor manera de conocer la ciudad. Juntos. Riéndonos. Vivir cada estupidez que hacíamos, cada accidente que teníamos y cada discusión tonta que provocábamos. Sentir y respirar París, siempre me lo decía.

Partía el viernes 13 a las 6:15 am rumbo a Madrid. Una noche antes hicimos una reunión en mi habitación con todos los amigos que había hecho durante todo ese tiempo. Fue una noche alegre pero a la vez, triste. No me quería ir.

A las dos de la mañana Giulia tomó mi brazo e hizo que me levante. Me condujo a su habitación y me hizo sentar encima de la cama. Jaló una silla y se sentó en ella.

- Tengo una sorpresa para ti – me dijo sonriente – Sé que te gusta la música y más aún, tocar la guitarra. Vine preparando esto desde nuestro primer beso.

Tomó su guitarra y empezó a tocarla con un placer único. Su manera de cantar y el ritmo que seguía hizo que quedara perdidamente enamorado de ella. Quise abrazarla pero dejé que terminara la canción.

- Cuando llegues a Roma iré a buscarte – me dijo – Sólo dame la dirección del hotel donde estarás y el resto déjalo en mis manos.

- No sé si sea necesario – le dije.

- Ya no iré a Ecuador, cambiaré de país. Estudiaré español en Perú.

- Emilio, es hora de ir al aeropuerto – dijo Tiago que había entrado sin aviso a la habitación.

- Anda. Coge tus cosas y luego vuelves. Te acompañaré al aeropuerto – dijo Giulia.

Llegué a mi habitación. Mis maletas estaban listas. Me eché en la cama y empecé a escribir.

- No te enamores, te lo dije – escuché de repente a Tiago – Disculpa, pero oí lo que te dijo Giulia. ¿Qué piensas hacer?

Suspiré. Los segundos pasaban y parecían eternos. Dudé, dudé mucho. Alcé la mirada y me caminé hacia Tiago.

- Voy a ir solo al aeropuerto. Por favor, entrégale esto. Fuiste un gran amigo, espero verte pronto. – Fueron las últimas palabras que compartí con Tiago. Nos dimos un fuerte abrazo y salí de la habitación.

Tomé el bus que me llevaría al aeropuerto y en el camino solo imaginaba a Giulia leyendo mis palabras. No sabía si había hecho bien o mal. Estaba perdido en mis pensamientos. Fue una aventura que inició pero no sabía si debía terminar.

Giulia, mi intrépida y tierna Giulia. Quizá en estos momentos te sea difícil de entender lo que estoy haciendo, pero créeme que todo tiene una explicación, tal vez no sea la más sensata, pero intento que lo sea. Desde el primer día que estuvimos juntos tuve miedo de enamorarme, pero lamentablemente lo hice. No tuve el valor de ir hacia ti y poder despedirme. Creo que nunca deberíamos decirnos adiós. Nuestra historia tuvo un inicio pero no quiero terminar el libro. Siempre creí en el destino, y si en nuestro destino está encontrarnos de nuevo, sé que lo haremos. Tú viajarás a Roma y sé que nos volveremos a ver las caras. No porque te dé la dirección de donde me encuentre, sino porque ambos buscaremos nuestro lado romántico y gracias a ello sabremos dónde estaremos. Tú me lo ensañaste desde un principio. Será un lugar que sólo tú y yo sabremos. Buscaré en ese lado de mi corazón que tú señalaste y si el destino lo quiere, te encontraré y viviremos lo que nos falta por vivir.

Gracias por ser mi principessa italiana. Gracias por hacerme descubrir una manera de vivir. Gracias por ofrecerme tu lado romántico y hacerme descubrir el mío.

Ti amo Giulia.

A presto bella, mia bella.

Gracias París. Muchas gracias.

El avión partió y el destino se encargaría del resto.




domingo, 17 de abril de 2011

En las bancas del parque Mandarina

Ella:

Son las tres de la tarde. El parque Mandarina se ve más hermoso que de costumbre. Una bella mujer lo alumbra, sentada en una de sus banquitas, escribiendo en un lindo cuadernito de Garfield.

Es tan difícil escribir poesía cuando una se siente fuera de órbita. ¿Por qué es tan incierto el amor? Ya estoy cansada de patinar en ese sentimiento, casi a diario. Emilio, el disque chico perfecto, la máxima atracción de miradas en la universidad, me invitó a salir. Pensé que conocerlo mejor sería una excelente idea, pero tan solo sirvió para darme cuenta que todos los hombres salen del mismo molde. Igual de imbéciles, lo quieren todo fácil y no se limitan a dedicar aunque sea una de sus neuronas, en analizarnos más de la cuenta. El muy idiota tan solo quería acostarse conmigo. ¿De verdad pensó que lo lograría?

Si tan solo pudiera encontrarte
Si tan solo supiera el lugar
Donde el amor suspira en silencio
Y tu mirada y la mía…

Estrella no pudo terminar de plasmar en las peculiares hojas naranjas de su cuaderno, uno de sus lindos pensamientos. Se sentía bastante desanimada para continuar. Prendió su MP4 y se puso a escuchar música, mientras fumaba un cigarrillo.


ÉL:


Lechuza, así le apodan sus amigos del trabajo. Según Martín, su primo, Héctor se hizo acreedor de ese sobrenombre porque para despierto hasta muy tarde. Se toma muy enserio su trabajo de reportero del canal 98. Todos creen que pronto lo ascenderán.

Detesto manejar. El tráfico es la tortura más grande que pueda existir. Necesito estar en continuo movimiento para no pensar en ella, estancarme en medio del camino, no me ayuda mucho que digamos. Tres malditos años de relación, tirados a la basura. Lo sé, ya han pasado más de ocho meses desde que acabé mi relación con Pilar, pero me es imposible dejar de pensar en ella. Me he vuelto muy inseguro. Creo que jamás volveré a ser capaz de invitar a una chica a tomar un café. Espero que visitar aquel viejo parque, en el cual jugaba cuando era niño, me ayude a relajarme y a sentirme mejor.

Lechuza enciende la radio de su auto. La canción Baby can I hold you de Tracy Chapman, lo acompañará por los próximos minutos.


Ella:

Son las seis de la tarde. Estrella está muy aburrida, sus clases fueron en la mañana y no tiene ningún pendiente. Echada en su cama, comiendo gomitas en forma de delfines, intenta encontrar una buena película en la televisión. Después de varios minutos de perder el tiempo, mirando un monótono programa de concursos, decide continuar escribiendo en su cuaderno especial. ¡Pero qué demonios! No lo encuentra por ninguna parte.

-¡Qué despistada que soy! Debo de haberlo dejado en el parque. Regresaré. Ojala tenga suerte y lo encuentre. No creo que a nadie se le ocurra llevarse un cuaderno, exclamó Estrella.

Es la típica mujer que manifiesta en voz alta sus pensamientos.

ÉL:

Lechuza se sentía lleno de buenas vibras, recordando los lindos momentos que pasó en el tradicional parque Mandarina. Sentado en una banquita, respiraba el delicioso aroma de invierno de aquel lugar. Las hojas caían lento y el susurro del viento, lo hacía sentirse acompañado. De pronto, se percató que a su lado, había un cuaderno, el cual tenía como portada, la cara de un gato gordo y naranja. La curiosidad lo venció, lo tomó y lo empezó a ojear.


Ella:

La pobre estrella llegó corriendo al parque Mandarina. Felizmente, encontró su cuaderno en el mismo lugar en el que lo había dejado, aquella banquita de color marrón. Lo cogió y lo abrazó. Decidió abrirlo, y al hacerlo, se llevó una gran sorpresa.


Si tan solo pudiera encontrarte
Si tan solo supiera el lugar
Donde el amor suspira en silencio
Y tu mirada y la mía, se unen sin parar
Sé que andas cerca de mí
Y aunque no te conozca, no dejo de pensar en ti
Quizá hoy sea mi día de suerte
Esta tarde de viento fuerte
Un amor nacerá
¡Hoy te voy a encontrar!

Lechuza


Estrella sonrió al terminar de leer lo que Lechuza había escrito. Qué interesante firma, pensó.


¿Quién será ese misterioso personaje? Realmente me da mucha curiosidad. ¿Será un chico? ¿Será guapo? Si se parece a Paul Walker, me caigo como condorito.

La estrella y la lechuza

- Espero que te haya gustado lo que escribí, dijo de pronto Lechuza, que apareció de la nada, asustando un poco a Estrella, que aún seguía concentrada leyendo su cuaderno.

- Sí, gracias, está muy lindo, expresó Estrella con los ojos brillosos.


¡Cómo es el destino! En las banquitas del parque Mandarina, nació esta historia de amor. Lechuza y Estrella se casaron el sábado pasado. Y bueno, me pareció buena idea, recrear el día en que se conocieron. ¿Quién dice que cosas así solo pasan en las películas?

Jhonnattan Arriola