
- ¡Genial! Ya sé cómo hacerlo.
- De qué hablas. No entiendo a qué te refieres, me preguntó Paola, cansada. Su cuerpo desnudo era indescriptible. Toda una diosa griega.
- Nada en particular. Es solo que ya sé como matarte.
Siempre me tomo la delicadeza de pensar bien cada asesinato. Yo creo que es un tema que merece mucho respeto. No puedo matar a una persona de la misma forma en que lo hice con otra. ¡Qué lisura, carajo! Es un tema muy delicado…y muy placentero.
¿Cómo te vuelves un asesino? Esa es la gran pregunta. Yo creo que todo se basa en los estímulos. Hay ciertos acontecimientos que uno vive que pueden impulsar a ese tipo de conductas. En mi caso…que el hijo de puta de mi padrastro, violara a mi hermana. Fui testigo de ese acto y obligado a callar. Hasta que el demonio que vivía en mí, despertó.
Abril de rojo:
Eran las ocho de la noche de un sábado treinta de abril. Lo había meditado toda la semana. A mis diez años, estaba decidido a cortarle el sexo a mi padrastro y hacérselo comer.
Fui sutil. El dolor no siempre es la gracia clave.
1. Me aseguré de que mi madre y Silvana durmieran plácidamente.
2. Le puse unas píldoras para dormir a mi padrastro en su café.
3. Le robé al esposo de mi mamá su pistola, compañera de incontables hazañas policiales. Hubo un tiempo en que quería ser como él, hasta que me di cuenta de su miseria humana.
4. Le corté su miembro, lo puse en un plato. Lo desperté y antes de que hiciera un escándalo por su pérdida, lo apunté en la cara con el arma, le dije que si gritaba lo quemaba y lo obligué a que se comiera su inmunda pija.
5. No cumplí mi promesa de dejarlo con vida. Cuando terminó de cenar. Le disparé en la sien.
6. Huí de casa y nunca más volví.

No soy psicólogo ni psiquiatra para poder analizarme y darme cuenta de por qué continúo asesinando personas. Solo puedo decir que si no lo hago, no respiro, siento que me ahogo, que me falta el aire. Es mi droga. La morfina que alivia el dolor de mi alma. Escojo cuidadosamente a mis víctimas. Me he paseado por todo el mundo. Me dediqué una gran parte de mi vida a ser un sicario, pero ahora que ya he ahorrado bastante dinero, simplemente lo hago por placer. Rojo, ese es mi apodo. Siempre dejo una nota con mi firma en el cadáver de la víctima. Soy todo un caballero. De eso no cabe la menor duda.
Mis más sinceras disculpas, pero no pude evitar llevarme los ojos de su hija, señor Fernández. Realmente el color celeste que tenían, era único. Disfruté mucho hacerle el amor. No se preocupe, nunca la violenté, antes de que conociera mis verdaderas intenciones, se entregó a mí…Sí que era un monumento,me dejó exhausto la condenada. En fin. Otra vez mis disculpa.
Rojo
Esa fue la nota que dejé para el padre de Paola. Nunca conocí al gran Martín, pero por lo que me habló su hija, era un buen hombre. Quizá no debí revolcarme con su pequeña. Era bastante mayor para ella, treinta y cinco, diecisiete. Pero bueno. Son cosas que suceden.
Días después:
No hay nada mejor que Madrid. Volver a España me hace muy feliz. La última vez que estuve en esta ciudad, no tuve el tiempo de pensar en un asesinado de primera para Ignacio, mi mejor amigo del colegio. No lo veo desde que huí de mi casa. Él no sabe nada de mi existencia, pero por cosas de la vida, logré confirmar que radica aquí y que le gustan mucho los perros. Es veterinario.
¿Por qué lo quiero matar? Ok, me imagino que muchos se preguntarán eso. La respuesta es muy curiosa. Nunca he asesinado a alguien que me importe o que le tenga algo de cariño. Es tiempo de nuevas experiencias. Veamos cómo me va con esta.
Me demoré un mes en entrenar a dos perros de raza Doberman para que se vuelvan unos terribles come hombres. Un viernes me aseguré de entrar sin que él me viera a su consultorio, tranqué las puertas para que nadie pudiera entrar ni salir y les solté a las bestias. Se lo comieron vivo. No tuvieron la delicadeza de matarlo primero. Qué se puede esperar de un par de perros.
La nota que dejé junto a los restos de Ignacio, fue bastante interesante. La mejor que he hecho hasta el momento.

Pensé que me sentiría mal al asesinar a este gran hombre, pero no, mi pervertido sentir fue más fuerte que mis emociones del pasado. Sé que en algún momento las autoridades darán conmigo, y eso me agrada. Me gusta el peligro, saben. Es divertido. Hay personas que disfrutan mucho de la lectura, de hacer algún deporte, de escribir o hacer música…yo no. Mi hobby es un tanto especial, digamos que más rojo. Más yo.
Volverán a saber de mí. Quizá nos encontremos un día. Prometo matarte de una forma muy especial…única.
Rojo
Jhonnattan Arriola