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domingo, 1 de julio de 2012

Torta de chocolate


Hoy no creo que sea un día donde reine la metáfora ni las sofisticadas palabras que adornen y le den sutileza a un texto. Esta vez quiero ser más directo que de costumbre. Olvidarme de las rimas, dejar a un lado las lágrimas, creencias y demás cosas o sentimientos. Hoy no quiero tener medias tintas. No quiero un cusí sin un cusá. Y menos un ying sin su yang. Exijo una explicación de todo, y la necesito ahora.

Recuerdo que David nos ofrecía el trago carísimo que había traído de su reciente viaje a Canadá. Habíamos estado reunidos desde las 11 pm. Para no perder la costumbre yo había llegado tarde al cumpleaños de Carla.

Me decían "El Poeta" por mi famosa carta de amor que le envíe alguna vez a Fátima, o quizá también fue por la canción que le escribí a Silvia. Aunque la verdad, parece que todos se enteraron del famoso diario rojo donde contaba mi corta historia con Rocío.

No me declaro un romántico, simplemente expreso mis sentimientos con total libertad. Muchas veces parece lindo, pero al parecer, ser romántico o dejarte envolver por el limbo creado por los protagonistas de la historia, hoy en día ya no está de moda. ¿Me explico?

Me di cuenta de que muchas veces es mejor despertar, tomar tus prendas y no preguntar. Despedirte con la mirada y correr. Jamás dejes una nota. Se reirán de ti.

Aquella noche Carla y yo nos quedamos solos en su sala. Al poco rato, estaba siendo invitado a dormir en su habitación.

Por primera vez quise hacer las cosas bien. Con alta moralidad y ética. Recostarme, esperarla, acomodarnos, sentirnos, taparnos. Pero, ¿cuál es el siguiente paso? ¿Conversar? ¿A caso, reír? ¿O consumar lo propuesto con la mirada? Creo que hay algo mal en mí que no encaja con las leyes de la sociedad actual. He llegado a la conclusión que le doy mucho al feeling y menos al pressing.

Dicen que es más fácil besarse apasionadamente dejándose guiar por el morbo, pero si le doy un beso en la mejilla… ¿Cambia la situación? Cuando sólo se trata de tener sexo, ¿no hay lugar a dar cariño? ¿Está prohibido pedir un abrazo? ¿Es un delito decirle que se quede un rato más simplemente para mirarla?

Carajo.
¿De qué realmente se trata?

Carla terminó exhausta. Acomodó su cabello y se aferró a mi pecho. La contorneé con mis brazos y le di un beso en la frente.

- No te equivoques, es sólo una noche -  Fueron sus últimas palabras.

Quedó profundamente dormida. Bajé de la cama, me vestí y suspiré.

Caminé hacia la cocina y partí un pedazo de la torta de chocolate que había quedado. Volví a su habitación. Me detuve en la puerta. La observé una vez más. Comí la torta.

- No pedía una novia por una noche, pero quizá pudimos hacer algo más. Al menos con el chocolate me llevo algo dulce esta noche.

Para mí no es tan fácil.
Para ti... ¿realmente lo es?




domingo, 18 de julio de 2010

Una amistad que vuela alto

Cada quien tiene su lugar favorito en el cual se puede sentir conectado consigo mismo y pensar en las cosas buenas o malas que le están sucediendo. Un parque, una terraza, un balcón, una habitación, entre otros; el mío, el aeropuerto Jorge Chavez. Sé que es poco usual, pero es en aquel lugar donde te conocí, ambos caminábamos con lágrimas en los ojos tras despedir a nuestros antiguos amores cuyo destino no estaba escrito en este país. Contamos nuestras historias y una amistad surgió así, de la nada, y te convertiste en mi mejor amigo. Mi charolastra.

Vivíamos a escasos metros, de vez en cuando me invitabas a almorzar gracias a tus habilidades culinarias. Tocábamos la guitarra juntos, formamos una especie de dúo musical que al final no tuvo mucho éxito, pero aquellos momentos hicieron que valga la pena cada minuto que “huevéabamos” juntos.

El día de mi mudanza fue uno de los más tristes que pudimos tener. Aún recuerdo que me ofreciste dinero para poder pagar el alquiler del departamento pero mi orgullo pudo más y decidí irme a uno más económico, no lo supiste entender y el rencor en ti empezó a nacer. Perdimos contacto desde aquel día. No contestabas mis llamadas, no venías a mis reuniones, desapareciste del mundo, y por más que hacía cualquier intento para volver a vernos, nunca aparecías.

Se me hace difícil comprender cómo fue que una situación tan inocente hizo que te sintieras tan ofendido. Sin embargo, tuve que continuar. Te consideré mi hermano, pero luego, no eres ni un conocido.

Un año más tarde, mientras caminaba por la avenida La Molina, recibí una llamada anónima.

- Hola, qué andas haciendo.

- ¿Quién habla?

Sentí un empujón y al voltear logré verte. Te habías dejado la barba, estabas mucho más gordo pero seguías con la misma cara de huevón. No sabía qué hacer primero, o sacarte la mierda por imbécil o simplemente saludarte. Me abrazaste y comenzaste a llorar. También yo.

Nos fuimos al parque de siempre, testigo de todas nuestras borracheras. Conversábamos como si nada hubiese sucedido. No valía la pena recordar el pasado que una vez nos separó. Rebobinamos e intentamos ponernos al tanto de todo.

- Planeo irme a Uruguay, mi mamá ya está allá – me dijo

- ¿Dentro de cuánto?

- Dentro de mucho, aún hay tiempo.

Fue raro volver a verte. Por mi mente pasaba la idea de por qué no volver a intentar, perdimos un año, sí, pero podemos recuperarlo con todos los demás años que nos esperan. No era una misión imposible, no para mí.

Salimos casi todos los días, recorríamos los lugares a los que solíamos ir. Y empecé a sentirme bien, por fin estaba recuperando a mi viejo confidente.

Fue un martes cuando recibí tu llamada y me dijiste que necesitabas ayuda con tus cosas porque te ibas a mudar.

Estuvimos en tu habitación haciendo las maletas mientras coreábamos La foto se me borró de Elvis Crespo. Dijiste que solo llevarías tu ropa, habías vendido tus tres muebles.

Terminamos, cinco maletas en total. Me acompañaste a la puerta, nos dimos un largo abrazo y partí. Al despertar, me puse a cocinar, te quería invitar a almorzar y así demostrarte que no soy un inútil en la cocina, tal como me lo decías a diario.

Salí a buscar un teléfono público y llamarte, pero en el camino me llegó un mensaje tuyo. Raro de tu parte, nunca me habías mandado mensajes de texto, siempre preferías llamar.

Hola Emilio, qué tal. Este mensaje es para decirte que estoy en el aeropuerto, mi avión para Uruguay sale en 15 minutos. Quiero agradecerte por compartir todo este tiempo conmigo y sobre todo, por haber sido mi amigo. Disculpa por no despedirme, no sabía cómo hacerlo. Te quiero mucho y te deseo lo mejor. Un abrazo. Tu charolastra de toda la vida.

Tomé un taxi rumbo al aeropuerto, no podía asimilar lo que estaba pasando. Estaba a 15 minutos de perder a mi hermano.

Llegué en 21 minutos y al entrar escuché una voz por los parlantes que decía: “El vuelo SG – 14 con destino a Montevideo, Uruguay, ha despegado”.

Salí, miré al cielo y empecé a llorar.

He andado solo, he reído solo, he llorado solo, me he emborrachado solo, he hecho absolutamente todo solo, y aunque me cueste admitirlo, sé que en el fondo, te extraño.