Mostrando entradas con la etiqueta sexo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sexo. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de julio de 2012

Torta de chocolate


Hoy no creo que sea un día donde reine la metáfora ni las sofisticadas palabras que adornen y le den sutileza a un texto. Esta vez quiero ser más directo que de costumbre. Olvidarme de las rimas, dejar a un lado las lágrimas, creencias y demás cosas o sentimientos. Hoy no quiero tener medias tintas. No quiero un cusí sin un cusá. Y menos un ying sin su yang. Exijo una explicación de todo, y la necesito ahora.

Recuerdo que David nos ofrecía el trago carísimo que había traído de su reciente viaje a Canadá. Habíamos estado reunidos desde las 11 pm. Para no perder la costumbre yo había llegado tarde al cumpleaños de Carla.

Me decían "El Poeta" por mi famosa carta de amor que le envíe alguna vez a Fátima, o quizá también fue por la canción que le escribí a Silvia. Aunque la verdad, parece que todos se enteraron del famoso diario rojo donde contaba mi corta historia con Rocío.

No me declaro un romántico, simplemente expreso mis sentimientos con total libertad. Muchas veces parece lindo, pero al parecer, ser romántico o dejarte envolver por el limbo creado por los protagonistas de la historia, hoy en día ya no está de moda. ¿Me explico?

Me di cuenta de que muchas veces es mejor despertar, tomar tus prendas y no preguntar. Despedirte con la mirada y correr. Jamás dejes una nota. Se reirán de ti.

Aquella noche Carla y yo nos quedamos solos en su sala. Al poco rato, estaba siendo invitado a dormir en su habitación.

Por primera vez quise hacer las cosas bien. Con alta moralidad y ética. Recostarme, esperarla, acomodarnos, sentirnos, taparnos. Pero, ¿cuál es el siguiente paso? ¿Conversar? ¿A caso, reír? ¿O consumar lo propuesto con la mirada? Creo que hay algo mal en mí que no encaja con las leyes de la sociedad actual. He llegado a la conclusión que le doy mucho al feeling y menos al pressing.

Dicen que es más fácil besarse apasionadamente dejándose guiar por el morbo, pero si le doy un beso en la mejilla… ¿Cambia la situación? Cuando sólo se trata de tener sexo, ¿no hay lugar a dar cariño? ¿Está prohibido pedir un abrazo? ¿Es un delito decirle que se quede un rato más simplemente para mirarla?

Carajo.
¿De qué realmente se trata?

Carla terminó exhausta. Acomodó su cabello y se aferró a mi pecho. La contorneé con mis brazos y le di un beso en la frente.

- No te equivoques, es sólo una noche -  Fueron sus últimas palabras.

Quedó profundamente dormida. Bajé de la cama, me vestí y suspiré.

Caminé hacia la cocina y partí un pedazo de la torta de chocolate que había quedado. Volví a su habitación. Me detuve en la puerta. La observé una vez más. Comí la torta.

- No pedía una novia por una noche, pero quizá pudimos hacer algo más. Al menos con el chocolate me llevo algo dulce esta noche.

Para mí no es tan fácil.
Para ti... ¿realmente lo es?




domingo, 29 de abril de 2012

Tic Tac


Autor invitado: DAB

Tic tac,
Tic tac,
Tic tac,
Tic tac,
1:00 a.m

Sigue sonando el reloj en la oscuridad de la noche, se mezcla con sus pensamientos, con los recuerdos, las pastillas a un costado ya no le hacen efecto, se ha tomado medio frasco tratando de olvidarla, pero no puede, su mente siempre lo lleva a ese momento, a ese lugar, a esa fatídica noche donde ella dejó de ser él. Carlos y María se conocían desde pequeños y aunque pueda sonar “cursi” sus almas hicieron “clic” desde el momento en que se vieron,  crecieron y se prometieron amor eterno a la luz de la luna y con el calor de una fogata sus almas quedaron unidas para siempre. Él la amaba, para ella Carlos era su todo….  pero de eso ya era mucho tiempo. 

Tic tac,
Tic tac,
Tic tac,
Tic tac,
3:00 a.m

Carlos no podía dormir, la sangre hervía dentro de su ser, los recuerdos lo acechaban como un ladrón cerca de un gran tesoro. La noche estaba oscura y él en su cama daba vueltas, sin poder pensar en nada más que aquella noche, aquella noche fatídica donde su amor dejo, donde su esperanza se esfumó, donde dejé de creer.

Tic tac,
Tic tac,
Tic tac,
Tic tac,
4:00 a.m

En la oscuridad se mira al espejo, aunque no puede observar nada. Desnuda su cuerpo y su alma e intenta borrar los recuerdos que lo atormentan, los recuerdos que tratan de dominar su cuerpo, que tratan de convertirlo en aquello a lo que él más odia.  Ya no sabe qué hacer cuando algo grande empieza a crecer entre su entre pierna, los músculos de su cuerpo se tensan y cada vez se hace más grande, cada vez más fuerte, el corazón se acelera, los recuerdos se hacen más fuertes y golpean su mente como las manos golpean las teclas del computador, con un ritmo parejo el subir y el bajar de su mano en la entrepierna grande y gruesa, el líquido vuelva a salir y su cuerpo arde por dentro, sus manos tiemblan.  Se toca, recorre con las yemas de los dedos cada parte de su perfecto cuerpo, siente cada dureza y cada definición. Cierra los ojos cuando llega a la entrepierna que parece que va a estallar. Abre los ojos y la ve a ella en el espejo, sabe que es un juego de su mente, pero le gusta. La ve desnuda y besándole los oídos, diciéndoles las palabras que por años Carlos quiso escuchar: “Eres mío. Te he estado esperando, vamos”. Lleva su mano, por inercia, a la entrepierna; la sube y la baja, gime, el corazón se acelera, sus latidos se incrementan y como la blanca leche, ella vuelve a ser suyo, en sus sueños, al menos. 

Tic tac,
Tic tac,
Tic tac,
Tic tac,
5:00 a.m

Ya salió el sol, y él tiene que levantarse, no pudo dormir toda la noche, pero no le importa. Entra desnudo al baño, se lava la cara, se mira en el espejo, la mira a ella, voltea, no está, la mente sigue jugando con él, se toca la cabeza y abre la ducha, ingresa, se deja mojar, el agua limpia sus pensamientos, coge la toalla y la ve en la cama, otra vez, pero está vez está tranquila, blanca, pálida, pero con los labios rojos. María lleva aquél vestido verde  que combina con sus ojos, que ahora están cerrados, pero igual para Carlos siguen siendo los más hermosos que jamás haya visto. 

La policía ingresa. Carlos no pone resistencia, sabe que se lo merece, solo pide que tengan cuidado con el cuerpo,  ya no pudo más, era demasiado el haber vivido dos semanas con el cuerpo de María, rellenándolo con algodón para que se siga viendo como aquella noche cuando la asesino, aquella noche cuando sus cuerpos se juntaron por última vez y los gritos de placer se convirtieron en dolor…ahora Carlos cambio el traje de saco  y corbata por uno a rayas, cambio su ventana grande por unos barrotes, pero no le importa, porque Carlos espera la noche con ansias para que al sonido del Tic tac del reloj vuelva a desnudarse, la vea a ella atravesar los barrotes y que vuelva a ser suyo…al menos en su mente…

lunes, 9 de mayo de 2011

El pajerillo valiente


Sinceramente pensaba llevarme este secreto a la tumba, y si finalmente decidía contárselo a alguien, jamás sería a ella, mi Cristina bella. Pero bueno, el destino hizo lo suyo y no pude evitar confesarle a mi mejor amiga un terrible secreto, que me había hecho muchas pajas en su honor. Lo sé, suena asquerosamente horrible. Pero ya verán que al terminar de leer esta historia, comprenderán mejor la situación y no quedaré tan mal como en este primer párrafo. Tampoco como un héroe, pero sí como un chico valiente, o mejor dicho: “Un pajerillo valiente”.

Quinto de secundaria, el mejor año de estudio y el más huevero. Todos nos tiramos la pera de las clases, no hacemos las tareas, terminamos pateando profesores y diciendo que el rock and roll nos dio más lecciones. Hasta allí todo excelente, pero el detalle es que también significa el fin de un ciclo hermoso. Con muchos de esos peculiares personajes a los cuales llamamos: "Patas de promo", no nos volveremos a ver jamás. En mi caso, mi mejor amiga y amor en secreto, Cristina, se iría a estudiar a una prestigiosa universidad de Estados Unidos, llevándose consigo la magia de mi día a día.

Pero lo que me conllevó a confesar mi pegajoso crimen, fue una conversación algo picante que sostuve con ella días antes de su despedida (Con varios cigarrillos y una botella de ron).

-Lo que más me molesta de los hombres, es que no pueden vivir sin masturbarse. Es un asco. Me daría nauseas saber que alguien lo ha hecho pensando en mí. ¿Tú jamás lo has hecho, no? Sería terrible haber sido para ti, aunque sea un segundo, un asqueroso objeto sexual.

- Jamás en la vida, contesté, cínico a mil, mientras me crecía la nariz como Pinocho.

Obviamente me sentí muy mal por no haber sido honesto con mi mejor amiga. Así que decidí escribirle una carta, disculpándome y diciéndole toda la verdad. A su vez, le pedí por favor que la leyese cuando esté en New York. Felizmente me hizo caso, sino, me hubiera sentido muy incómodo, despidiéndola en el aeropuerto.

Confesiones de paja:

Esta será la carta más inusual que recibas en toda tu vida. Espero que no me odies por lo que te voy a decir, pero como tu mejor amigo, debo ser sincero al cien por ciento. Antes que nada déjame aclararte que no solo fue una noche, desde que comencé en tu honor, no volví a cambiar de musa...Ay Dios, aquí se viene (Tambores). Me he masturbado pensado en ti ¡Coño, lo dije! Me he quitado un terrible peso de encima.


¡Espera! Please, no arrugues la carta. Dale una oportunidad a las siguientes líneas. Sé que en estos momentos te preguntarás: “¿Qué diablos va a decir para justificarse?” Pero créeme, todo tiene un porqué.

Estoy enamorado de ti como un loco. Y lamentablemente, es casi imposible para un hombre, evitar juguetear con su compañero de batallas. Sentí que te sería infiel de alguna forma si es que evocaba en mi mente a alguna otra mujer que no seas tú en esos momentos. Nunca fantaseé algo espantoso, tan solo tú y yo, haciendo el amor. Un sueño que sabía que nunca se volvería realidad, ya que tú solo me veías como tu mejor amigo. Perdóname por desearte tanto emocional como físicamente. Sabes que, no me da vergüenza decirlo. Perdóname por desear querer hacerte mía. No pienso mentirte como otros chicos y fingir que son tus ojos pardos lo único que me enamora de ti. Amo cada parte de tu ser, desde tus dedos gorditos a tu abultado trasero. Desde tu sonrisa traviesa, a tus senos, que si bien es cierto no son muy grandes, para mí, tienen el tamaño perfecto.

No pienses que soy un aguantado y un enfermo sexual. Realmente me hubiese gustado perder mi virginidad contigo. Que ambos lo hiciéramos juntos. Pero tristemente sé que eso jamás sucederá. ¿Cuál es mi pecado? ¿Ser lo suficientemente valiente para decir que ninguna mujer me ha excitado como tú? No lo creo.

Como diría el gran Daniel F: “Es contigo que quiero hasta el fin por siempre masturbarme”. Te comprendo si no me respondes la carta y no quieres saber más de mí. Te prometo que no volverás a ser mi sirena de noches de hormonas revueltas. Desde que dijiste lo mucho que te molestaba, jamás lo volví a hacer. De igual manera, quería que entendieras mis razones que me llevaron a caer en el pecado de amarte en silencio, bajo mis sábanas.

Siempre serás mi bella Cristina. Siempre te amaré.

Miguel Ubillús


Siete años después

Cristina nunca me respondió la carta, y como en ese tiempo no había Facebook ni estaban de moda las redes sociales, me fue difícil volver a entablar contacto con ella. Pero hace un par de días, me la encontré en un café de Miraflores. ¡Vaya sorpresa! Había venido a pasar el día de la madre en Perú.

A penas me vio me saludó con un fuerte abrazo y empezó a llorar de la emoción. Fue un rencuentro de lujo, nos tomamos muchas fotos y nos contamos todo lo que nos había pasado en ese lapso de tiempo. A eso de las nueve de la noche, la dejé en la casa de su madre y antes de que nos despidiéramos, me dijo para salir al día siguiente. Acepté encantado. Sigue igual de hermosa. Y me late que yo también le atraigo, por lo menos, eso me indicaron sus grandes y brillosos ojos.

- Una última cosa, ¿llegaste a leer la carta que te escribí cuando viajaste a Estados Unidos?, pregunté, antes de que entrara a descansar.

- Ay, Miguel, no sabes cuanta rabia me dio. La maleta en la que la llevaba se perdió en el aeropuerto. Nunca la recuperé.

Sonreí al escucharla, me despedí de ella nuevamente y le dije que sin falta la recogería mañana a las tres para almorzar. Siempre me preguntaré cómo habría tomado mi peculiar confesión. Quizá que haya perdido mi carta, fue lo mejor.

Jhonnattan Arriola Rojas

viernes, 25 de febrero de 2011

Esta noche serás mía

Bailamos sin parar en una discoteca de Punta Hermosa, nos tomamos de las manos y caminamos bajo el susurro de la noche por la húmeda arena, contemplando el mar. Nos besamos, le prometí que siempre estaría a su lado, fuimos a nuestra habitación de mi casa de playa, nos miramos con picardía y deseo, pero al sentirla tan cerca, tan mía, dudé, me volví a abotonar la camisa y salí de la habitación, diciéndole que me estaba ahogando, que necesitaba un poco de aire.

Llevo con Milagros seis meses de enamorados y, sinceramente, esta vez, puedo decir con total convicción que soy inmensamente feliz. Su sonrisa es única, súper contagiosa, de oreja a oreja como se suele decir. Sus ojos marrones, trasmiten ternura en cada parpadear, como los de un cachorrito, grandes y llenos de inocencia. Su piel blanca, que ahora goza de un sexy bronceado, es suave y cuenta con diversas pequitas, que son todo un decorado de lujo, como lentejitas de chocolate en un helado de vainilla. Pero lo que más me deslumbra, es su cabello, de color negro y ondulado, el cual siempre emana un aroma dulce, envolvente, que me hipnotiza. En pocas palabras lo que intento expresar, es que caigo ante su belleza como en las historias de mitología, lo hacen los marineros al toparse con una sirena.

Sin embargo, no todo es perfección. Una gran duda ronda en mi cabeza. Supuestamente esta noche sería especial para ambos, Milagros y yo tendríamos sexo por primera vez, todo estaba planeado y fríamente calculado. Pero mientras caminábamos hacia la casa, tomados de las manos, ella me confesó que era virgen, pero sobre todo, me dijo que me amaba. Ahora, esos dos asuntos retumban y alborotan mi subconsciente. No sé porqué diablos me afecta tanto, he estado con varias chicas íntimamente sin remordimiento alguno, pero en esa ocasión, no soy el mismo Julián de siempre. Nunca una chica antes me había dicho esa palabra, y menos aún con la mirada brillosa: “Te amo”. Tengo mucho miedo de fallarle a Milagros, de hacerla mía y no volverme ese hombre perfecto que ella merece.

Cinco minutos fueron los que me tardé en regresar a la habitación. Milagros al verme me miró preocupada, y dijo: ¿Qué te pasa, Julián? ¿Por qué me dejaste sola de esa manera?

- Tenemos que hablar seriamente, le dije, sentándome a su lado. La cama era grande, en sí estar junto a ella allí, era una fuerte tentación, pero no podía hacer ninguna maniobra, sin antes domar a mis demonios internos.

Milagros acarició mi rostro con ternura, sonrió tímidamente, y dijo: “Seis meses que vienes hablándome sobre este asunto de tener relaciones. Y ahora, que por fin me siento lista, que estoy dispuesta a pasar la noche contigo, en el momento ideal, en el lugar perfecto…no sabes qué excusa ponerte para dejar pasar la oportunidad.

No era tan simple como ella creía, no se trataba de intentar salir de la situación por miedo a afrontarla, ella esperaba de mí una palabra, la cual, por el momento, no me nacía decir.

- Te acuerdas lo que te dije hace una rato…Es verdad, nunca me había sentido así con nadie, me reiteró una vez más, sin embargo, opté por volver a escapar de su mirada.

- Me es muy difícil abrir mis sentimientos de esa manera, dije por inercia, sin darle la cara.

Pude sentir como la respiración de Milagros se hizo más densa y se levantó de la cama.

- Ya déjate de rodeos, dímelo de una vez, que no sientes lo mismo. Quizá haya sido muy pronto, de todos modos yo fui sincera contigo y me gustaría que tu también lo seas.

Me paré, posicionándome delante de ella, tomé de sus manos y sin pensarlo mucho, tan solo la besé.

Ella pudo escoger, tomar el camino fácil, frenarme y esperar a que esta conversación llegue a su desenlace, pero no. Milagros correspondió mi beso y, no mostró disgusto alguno cuando empecé a acariciarla, tan solo se dejó llevar. La desnudé lento, en sí dejándola que reflexione en cada instante en que iba perdiendo una prenda. El tiempo me había enseñaba aquellos lugares exactos e infalibles para excitar a una mujer, como besar su cuello, tocar delicadamente sus senos, moviéndolos hacia arriba de manera circular, y humedecer sus pezones con mi lengua. Ella se sentía segura a mi lado, confiaba en mí como guía, no podía decepcionarla, tenía que tratarla como princesa. Es por ello que cuando llegó el momento de ser uno, por más que mis instintos me reclamaban vértigo, fuerza y locura, fui lento, paciente y dudosamente le pregunté: “¿Te duele, quieres que siga?”. Milagros estaba nerviosa, pero aún así no se acobardó. Si bien al principio le fue incomodo, el hambre de placer le sirvió como anestesia para que pudiese disfrutar plenamente de este momento.

Nunca había tenido sexo de esta manera, jamás me había dado cuenta lo excitante que era indagar en el cuerpo de una mujer, ir descubriéndola de a pocos, encontrar aquellos lunares que ella les prohibió a otros, pero que solo a mí me concedió la dicha de saber su ubicación. No pensé que mirarla a los ojos mientras la acariciaba fuese un complemento perfecto entre romántico y excitante. Había tenido sexo con muchas mujeres, pero nunca antes con la correcta.

Milagros me abrazaba, no se quería alejar de mí ni por un segundo, mientras yo, en silencio, me sentía bastante relajado, liviano por mi desnudes, que rozaba su piel.

De pronto la miré y dije algo que pensé que jamás me nacería, que me costaba mucho expulsar de mí, sin embargo en esta ocasión simplemente lo dejé salir.

- Te amo, expresé mirándola a los ojos.

Milagros me sonrió dulcemente, me dio un tierno y corto beso en los labios, y dijo: Yo también.

Pensaba que el amor era una fantasía, una vil mentira, un cuento nada más. Me sentía triste, perdido en mis pensamientos y mi corazón estaba en el infierno…Pero llegaste tú, pero llegaste tú. Y en un instante cambiaste mi percepción, con tu mirar. Y en un instante al verte sonreír, me enamoré de ti. Como un ángel apareciste, contigo ya no volveré a estar triste. Perdido en tu mirar, siempre voy a estar. Y hacerte suspirar, será mi prioridad.

Jhonnattan Arriola

domingo, 2 de enero de 2011

Es tiempo de ser yo

Ambos ocultábamos nuestra desnudes en las sábanas de mi cama. Intenté no mirarla a los ojos, pero no pude evitar observar su semblante lleno de tristeza, desilusión y melancolía.

- No puedo creer que me hayas hecho esto, dijo Erika sin darme la cara, mostrando en su voz un tono quebrado.

No sabía qué responder, así que tan solo seguí fumando mi cigarrillo, sintiéndome como él, consumiéndome a la par.

He regresado al Perú después de un largo año, el cual lo pasé a duras penas en España, luchando por hacer mía una ciudad que no lo era. Se podría decir que huí, intentando encontrarme a mí mismo y dejar atrás mis conflictos internos. Toda mi vida me he preguntado ¿Quién soy realmente? A pesar de que he conocido siempre la respuesta, he preferido ocultármela, fingiendo que la confusión habita mi mente.

Cuando tomé la decisión de frenar mi carrera, tomarme un año sabático (ni tanto porque trabajé hasta limpiando platos en Madrid) fue porque sentí que ya lo había perdido todo, mis amigos, mi familia… Mi vida. Había peleado con medio mundo, incluso hasta llegué a creer que una que otra droga podría aliviar mi delirio. Pero afortunadamente, decidí regresar, y bueno, mi hermano organizó en casa una gran fiesta de año nuevo, el 2011 venía con fuerza. Aunque divagué en la idea de pasar el 31 en la madrugada durmiendo, al ver a todos mis viejos amigos que pensé que había perdido para siempre, no pude evitar unirme a la jarana.

Me sentía como el hijo prodigo, al parecer todos habían olvidado al Daniel del 2010, el que venía drogado a casa y que mandó al cacho a sus buenos compañeros para juntarse con los que solo lo arrastrarían a una vida de porquería. Pero sobre todo, Erika, la chica de grandes ojos verdes, mi amiga incondicional que me confesó su amor en el 2009, la cual rechacé en centenares de oportunidades como un mísero imbécil, se mostraba bastante cariñosa conmigo y no encontraba en ella ni siquiera un 0.1% de rencor. No merecía tanta suerte.

Antes de seguir, debo aclarar que hace un año que no pruebo droga alguna, que no hago ninguna locura y que he intentado solemnemente vivir en paz conmigo mismo, salir adelante. He regresado para empezar desde cero y vivir tranquilo con mi familia y amigos.

Bueno, volvamos a Erika. Como mencioné, no merecía su buena onda, pero de todos modos la disfruté. Recibí el 2011 con ella, mi familia y demás amigos, tomando unos tragos, bailando, viendo los juegos artificiales y contando relatos de antaño, reflexionando como es que el tiempo pasa tan rápido. Por su parte, mi buena amiga no dejaba de abrazarme y de exigirme que no deje de bailar ninguna sola pieza sin ella. No la desobedecí, me sentía muy a gusto a su lado, después de todo, siempre ha sido mi fiel consejera, la única persona que por lo menos ha intentado entenderme. Pero de igual modo, no he sido del todo honesto con Erika. Le oculto un gran secreto, el cual debo liberar, ya que si no lo hago, me asfixiaré en la soledad que afronta mi agonía.

A las tres de la mañana me despedí de todos los presentes y dije que me iría dormir. El viaje había sido largo y estaba exhausto. Naturalmente mis amigos y familiares me quisieron retener, pero tan solo Erika fue la que me siguió a mi habitación para pedirme por favor que no me apartara de su lado. En un instante pensé que el hecho que entrara a mi cuarto y misteriosamente nos empezáramos a besar y a quitar la ropa, fue el peor error de mi vida. Pero me doy cuenta que fue todo lo contrario, un buen instante para empezar el 2011. Y no lo digo por los minutos de sexo que tuvimos, sino por lo que estaría por venir.

Ya desnudos, después de habernos besado hasta el alma, ella exhausta me miró coqueta y dijo: “No puedo creer que sea tu primera vez. Eres todo un experto.”

Para todos los que me conocen yo nunca había tenido intimidad con alguna chica. A mis 22 años era todo un desastre con las mujeres, ya que supuestamente siempre fracasaba en el intento de formar una relación o algo similar.

Me tomé varios minutos para contestarle a Erika su alago sexual, ya que lo primero que hice al escucharla fue sacar un cigarrillo, prenderlo y empezarlo a fumar.

- Es mi primera vez con una mujer, expresé fríamente, dispuesto a todo con tal de liberarme.

Naturalmente me parecen lindas las mujeres y sé reconocer cuando una es muy hermosa, como en el caso de Erika. Pero toda mi vida, por más que lo he intentado ocultar, he sido y soy gay. He reprimido mis sentimientos por mucho tiempo, luchando conmigo mismo para cambiar, pensando equivocadamente que mi atracción por los hombres era un declive mental, una enfermedad. ¡Qué tonto he sido! Debí aceptarme como soy y hacer que los demás también lo hagan, las personas que realmente me quieren, sin duda lo harán. Aquí en Perú, una sociedad llena de tabús, no sentía la libertar para explorar mis inquietudes, pero en España, logré confirmar que realmente soy un hombre que le gustan los de su mismo sexo, que los puede llegar amar, y con ellos, solo con ellos, puede disfrutar de la vida.

Al llegar al Perú nuevamente, me sentí reprimido, culpable por todo lo que había vivido en Madrid, es por eso que estúpidamente decidí acostarme con Erika, forzándome a disfrutar el momento, a hacerme heterosexual a la fuerza. Pero fue inútil. He usado a mi mejor amiga y eso me hace un canalla. Soy consciente que quizá la pierda para siempre, sin embargo, ya no hay marcha atrás.

Erika prefirió no escuchar más detalles de mi confesión y apenas se vistió, se fue de mi habitación. Estoy seguro que pronto volveremos hablar y posiblemente me deje explicarle como me he estado sintiendo. Sin embargo, no queda la garantía que me perdone. Realmente me apena el hecho, pero debo seguir adelante, aunque es obvio que no me rendiré hasta volverle arrancar una sonrisa.

Adiós 2010 de hipocresías, este nuevo año debe ser propicio para empezar a vivir como lo merezco. Aunque me cause serios problemas, les confesaré a mi familia y amigos mi opción sexual. No me importan las consecuencias, ya que este 2011 lo empezaré como se debe. Me propongo a ser por primera vez yo mismo. No pienso obligarme más a aceptar una vida que no quiero mía.

¡Feliz año nuevo para todos! No importa que tan duro sea, no desperdiciemos más el tiempo ocultándonos, rigiéndonos en lo que para el mundo aparentemente es correcto. Si uno tiene un ideal, una forma de percibir la realidad, debe lucharla para hacerla veraz, no reprimirla por temer al rechazo. Que el 2011 sea el año de la verdad. Que el amor reine en sinceridad y sobre todo, que logremos poseer la paz interior que buscamos con tanto anhelo.

A penas terminé de fumarme un par de cigarrillos, me puse mi piyama y me eché a dormir. Dentro de unas horas me espera un día largo y emocionante. Desde el 1 de enero empezaré esta nueva vida. No ocultaré más a nadie y sobre todo a mí mismo… Quién soy en realidad.

Jhonnattan Arriola

domingo, 10 de octubre de 2010

Mis miradas, mis intenciones

Tenía 16 años cuando en cuarto de secundaria ingresé al colegio Santa Rosa de los Mares. Era el nuevo del salón y por ende, tenía que acostumbrarme por mucho tiempo a la soledad, a una que otra burla y a sentirme ignorado al escuchar los planes de todos mis compañeros.

Al cabo de unos meses, por fin tenía nuevos amigos, me sentía incluido y apreciado, sobre todo por Carmen, la pequeña y deliciosa Carmen. No pasó mucho tiempo para que nos convirtamos en lo que se dice “mejores amigos”. Andábamos de un lado a otro, conversábamos en las madrugadas y sabía tanto de mi vida, como yo, la de ella.

Pero quizá se me olvido un pequeño detalle, nunca le mencioné que yo la miraba con otros ojos, ojos de deseo, de hambre, de querer llevármela a la cama y hacerle infinidades de cosas que se retuercen en mi imaginación. Y aunque a veces era más que obvio, ella nunca se daba cuenta o – en el mejor de los casos – no quería darse cuenta, puesto que mi mirada bailaba sobre su cuerpo morbosamente cada vez que venía hacia mí y me daba un fuerte abrazo.

Un día – como cualquiera – estábamos viendo una película, si mal no recuerdo era Shrek (un ogro maricón que nunca pudo encargarse de sus asuntos por sí solo). Rato después, cuando quise dirigirme hacia ella, estaba dormida. Indefensa. Y ahí estaba yo. Mirándola nuevamente. Poco a poco fui acercándome a su cuello para olerla y ella empezó a suspirar. No tenía claro si seguía dormida o ya estaba despierta, pero continué. Besé su mejilla y deslicé mi mano suavemente por su cintura, hasta llegar a la altura de sus senos. Repentinamente, se escuchó un fuerte golpe en la puerta de su casa. Su papá había llegado y ambos saltamos de la cama.

Al día siguiente en el colegio, me saludó como si nada hubiese pasado. Sin embargo me recibió con una noticia que no esperaba.

- Oye, Luis. No sabes. Ayer fue Raúl a mi casa, estuvimos conversando y fuck no sé cómo pasó pero empezamos agarrar.

- ¿Agarraron? – le dije exaltado y furioso.

- Sí, y luego me dijo que siempre le gusté y ese floro que siempre te meten.

- ¿Y qué le dijiste?

- Me quedé callada, y luego me dijo para estar…

- ¿Y? ¿Qué pasó? No te quedes callada.

- Y ya pues. Le dije que sí.

Y así fue, mi mejor amiga ya tenía un nuevo enamorado, el mismo día en el que casi juguetea conmigo. En fin, no le di mucha importancia. Algún día terminarán y volveré a tener otra oportunidad – pensé.

Sin embargo, dicha oportunidad estuvo más cerca de lo que imaginaba. En el recreo, Carmen se acercó a mí y me dijo al oído: Por qué no vienes a mi casa hoy a las 4, mis papás trabajan y Raúl no vendrá.

No debía extrañarme, total, iba seguido a su casa, pero el tonito que utilizó para decírmelo fue el indicado para agitar todo mi cuerpo. Por supuesto que iré, le dije. Y me dirigí al baño.

Esa tarde, a las 4:01 pm estaba tocando el timbre de su casa. Abrió la puerta y lucía una minifalda que contorneaban perfectamente sus piernas, más un polo delgado blanco, casi transparente.

Me hizo pasar directo y erecto a su cuarto. Mientras caminaba, imaginaba cómo sería el momento cuando lleguemos. Prenderíamos la tele, pondríamos cualquier película y un rato después, vendría la diversión.

Y todo se cumplió, y en el mismo orden. Ambos nos besábamos como si fuera la última vez que besaríamos a alguien, mi mano derecha bajo su polo indicaba que ya estaba en la segunda base y que tenía el control de la situación. Sin embargo, al poco rato, ella retiró mi mano y me dijo:

- Oye, tú solo quieres… eso… conmigo ¿no?

- ¿Ah? A qué te refieres – extrañado protesté.

- A que tú solo vienes a mi casa para aprovecharte de mí. Y luego, seguro irás a contarles a tus amigos lo que haces conmigo.

- ¡¿Qué?! Espera, ¿me estás diciendo pendejo siendo tú la que tiene enamorado y aún así me dices para venir sabiendo lo que puede pasar?

- ¿Sabiendo lo que puede pasar? ¿Me estás diciendo puta? Sabes qué Luis, lárgate de mi casa en serio. No quiero volver a verte.

Cogí mis cosas y salí, pero confundido, muy confundido. No sabía exactamente lo que había sucedido. De un momento a otro estábamos bien, ambos disfrutando de nuestro morbo, pero de la nada, todo cambió. Ella cambió. Yo estaba consciente de que hacíamos mal pero ella inició todo. No podía desaprovechar la oportunidad.

Pasaron los días y no hablábamos. La extrañaba, pues, a pesar de todo era mi mejor amiga. Decidido, me levanté de la carpeta, fui hasta su asiento y le dije: Necesitamos hablar.

Se levantó y me dirigió hacia el fondo del salón.

- ¿Qué quieres? – me dijo

- Quiero que me expliques bien lo que pasó el otro día

Ella soltó unas lágrimas y dijo:

- Luis cómo es posible que nunca te hayas dado cuenta. Tú siempre me gustaste, estaba enamorada de ti. Nunca estuve con Raúl, todo fue una mentira para saber si sentías algo por mí, y esperaba a que me dijeras algo, pero no hiciste nada. Solo fuiste a mi casa dispuesto a tirar conmigo sin importarte nada. Es por eso que ya no quiero que estés más cerca de mí, porque ya vi cuáles son tus verdaderas intenciones.

Quedé mucho más confundido. Mi mejor amiga estaba enamorada de mí y yo sin saberlo, solo quería acostarme con ella.

Quisiera saber cuál fue mi error. O, cuál fue su error. Busco las respuestas de esas interrogantes. Y hasta ahora, no las encuentro.