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domingo, 10 de julio de 2011

Cuando inicie un nosotros

De enero a diciembre afloran las situaciones inversas cuando uno menos lo espera. Es momento de tomar decisiones aunque a veces nos preguntamos si es o no la correcta. Las luces se apagan y la claridad se disuelve cada vez más. Uno gira y un mundo vira, y es que cada uno de nuestros actos marca un nuevo punto de partida. El final no tiene fin, es un comienzo para algo que nos llevará a un inicio.

Hace una semana llegué de Estados Unidos con una sola idea en la mente. Decidí dejarlo todo por retener algo que desde siempre fue mío. Arriesgué mi futuro para luchar contra mi marcado destino y volver a sonreír como lo solía hacer antes de partir del país.

Recuerdo la reunión que hubo en mi casa hace 11 años, cuando tenía 14. Mi mamá me presentó a la pequeña hija de la señora Victoria, Rebeca. Ambas nos dijeron que debíamos ser los mejores amiguitos y cuando grandes, nos debíamos apoyar uno al otro sin importar las circunstancias. Y así lo hicimos. Nos convertimos en hermanos aunque no compartíamos la misma sangre. Íbamos juntos al colegio, nos sentábamos uno al lado del otro y a la hora del recreo comprábamos la salchipapa con poco kétchup y bastante ají que tanto nos gustaba.

“Te amo Rebeca” le dejé escrito dentro de su cartera antes de que tomara el avión que nos separara durante mis estudios universitarios. Ni siquiera pude despedirme de ella, sabía que rompería en llanto. O al menos eso esperaba. La cobardía no me dejó descubrirlo, y preferí construir en mi mente una escena perfecta después de abrocharme los cinturones.

Y así comencé a vivir. Una tras otra, las mujeres que conocía comenzaron a distraer mi atención de aquel amor no concretado. Las relaciones que tuve fueron duraderas, estables y aparentemente felices, hasta que abrazado a sus cuerpos llamaba su nombre entre sueños, una y otra vez, como una triste canción cuya melodía busca revancha.

Sin embargo, un día Victoria, su madre, me sorprendió cuando vi un mail suyo en mi bandeja de entrada. Era un texto largo pero este párrafo lo resume: “… salió del Perú en busca del vestido perfecto y al parecer ya lo encontró. La ceremonia será en dos semanas…”

Sonreí y un par de lágrimas pasaron por mis mejillas. No eran de felicidad. Pero al cabo de un año, tras componerme, me sentía preparado para dejarla atrás. Y entonces lo supe. Ella no podía haberse quedado con él para siempre. Era seguro. Se divorciaron.

Y es en esos momentos donde uno se percata que el presente es el porvenir y el olvido. No tenemos derecho a conocer el futuro, pero nada nos impide adelantarnos a él. Estaba dispuesto a dejar todo por ir a buscarla y culminar el capítulo que aún no habíamos empezado a leer.

Ahí estaba, en la barra, sola, esperando mis palabras para decirme lo que tanto anhelaba, deliciosa en un vestido que atraía miradas, esperándome desde siempre.

Me acerqué con miedo, ya habíamos salido durante la semana pero esta ocasión sería diferente. Muy diferente.

- ¡Hey! - me dijo Rebeca sonriente.

Le di un gran beso en la mejilla y me pedí un trago.

- ¿Qué tal, que hiciste en la mañana? – me preguntó.

- No mucho… - Y ambos quedamos en silencio mientras escuchábamos Heaven de Brian Adams. Tomé otro sorbo y sostuve su mano.

- Rebe… Hace 6 años, cuando me fui…

- Me dejaste un papelito en la cartera, ¿no? – me interrumpió mirándome fijamente.
Quedé en silencio.

- Lo leí, sí... – continuó.

- Hace mucho que quiero saber…

- Eres increíble, ¿sabías? – Volvió a interrumpirme mientras acariciaba mi mejilla – No tienes por qué darme explicaciones. Eso fue hace mucho.

Dejamos de hablar por unos segundos, volteé nuevamente hacia ella y le dije:

- Aún me gustas

- Tú también me gustas, pero me gustas como un amigo, mi eterno compañerito. Es que… creo que no estoy hecha para las relaciones, desde que mi matrimonio terminó todo ha sido muy distinto. Un día me gustas tú, otro día me puede gustar Julián, otro David, y así.

- No Rebe, no entiendes. Esto no se trata sólo de un gusto. Yo te amo.

- No, no. Mira creo que sólo estás un poco confundido porque tampoco tus relaciones funcionaron. Imagino que dentro de poco volverás a Estados Unidos y estoy segura de que saldré de tu mente más rápido de lo que te piensas. Todo bien, gordito, tranquilo…

Sólo pude mirarla y mi cuerpo temblaba.

- Ya vengo un rato, iré a bailar con las chicas – me dijo. Se fue.

Sabía que decirle que me quedaría a contemplar su perfección y a mirarla sin cansancio por el resto de mi vida no cambiaría lo que pensaba de mí, su "eterno compañerito".

El tiempo de espera se esfuma con palabras que se llevan tu esencia y dejan mi vida vacía. Todo pasa y nada queda, y lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos que nos lleven a la eternidad, una eternidad que terminará cuando inicie un nosotros.

Que seas feliz.








Agradecimiento especial a:
Ana Lucía Mosquera Rosado

domingo, 10 de abril de 2011

El adiós no es eterno II

Segunda parte: Daniela me envió una carta, y recién hoy tengo el coraje para responderle.

Caminaba sin razón tambaleando en las paredes de mi cuarto. Necesitaba saber de ella, sin embargo algo me detenía, y en mi interior sabía lo que era. Arranque una hoja de mi cuaderno y empecé a escribir.

Daniela, mi pequeña Daniela. Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos comunicamos. Las cosas me han estado yendo mal, he perdido muchas cosas, mi trabajo, mi dinero, mi familia, mis amigos. Todo ha sido muy complejo y confuso, e intento batallar día a día para mantener la sonrisa que muchas veces tuve gracias a ti.

Sé que sabes dónde estoy, sé que me acompañas en cada momento y cada que extiendo mi mano, te siento, claro que te siento.

Creo que quedaron muchos asuntos pendientes entre nosotros, vivimos una historia con varios capítulos que nunca terminamos, o quizá no quisimos terminarlos. Pero tú fuiste muy lejos, te salteaste gran parte de nuestra vida y decidiste llegar a la última página del libro, y no lo consultaste.

Nunca me enamoré, aunque todos decían que mi novia y yo éramos la pareja ideal, que habíamos nacido el uno para el otro; yo jamás lo sentí de esa manera. Éramos felices, sí, pero quizá mi decisión de firmar el contrato llamado matrimonio fue prematura.

Recuerdo el día que te conté sobre mi boda, y recuerdo aún más el puñete que me lanzaste y te fuiste sin decirme más. Desde aquel día nos distanciamos, perdimos contacto por más que inundaba tu casilla de voz con mis mensajes desesperados.

Y al poco tiempo desapareciste. Me sentía perdido sin ti, perdido en un mundo donde tú eras mi única guía, mi gran punto de partida.

Es hoy cuando me pregunto por qué no sobrepasamos el límite de nuestra amistad. ¿Muy tarde verdad? Lo siento, fue mi culpa. Siempre tuve miedo de que al lanzarnos a tal aventura termine por arruinar todo lo que habíamos construido juntos.

Todo esto es muy difícil. Te extraño Daniela. Te extraño mucho.

Han pasado nueve meses desde tu muerte. Nueve meses desde que recibí tu primera y última carta. Nueve meses desde que fumé mi último cigarrillo, el que tú me dejaste. Nueve meses desde que decidiste saltar de tu balcón. Nueve meses desde que mi vida se convirtió en una tremenda miseria. Han pasado nueve meses, y recién hoy tengo el coraje necesario para escribirte y decirte lo que siento.

Suelo leer tu carta todos los días, y al terminar, salgo a la calle a seguir con mi imaginaria búsqueda. Sigo el camino que me dejaste, el rumbo que marcaste en mí y que estoy seguro me conducirá a la atmósfera que desde siempre habías creado para nosotros.

Pero ya caminé mucho, recorrí muchas calles pronunciando tu nombre, y por fin hoy comprendí que jamás te encontraré aquí, en este pavimento que nos juntó desde un inicio. Es momento de irme a un nuevo horizonte. Seguiré tus pasos y no pararé hasta hallarte.

Espérame, hoy termino este capítulo y empiezo el siguiente, uno que se titule: El adiós no es eterno. Lo haré por ti, por nosotros. Lo haré porque te quiero flaquita, te quiero.

“Si verte fuera la muerte y no verte fuera la vida, preferiría la muerte que la vida sin verte”