martes, 31 de diciembre de 2013

Mujer de abril

Oscuridad. Una mezcla perfecta entre miedo y locura. Camino a la muerte al compás del paso vacilante de un soldado de batalla. ¿Dónde diablos está la supuesta luz que debería esperar el despertar de mi alma? ¡Todo fue una mentira! ¡El Cielo no existe! Ni siquiera el consuelo de una tortura eterna en el Infierno aparece para indicarme que no estoy solo. Soy el viento que sopla con todas sus fuerzas una noche de invierno, intentando ser escuchado. Pero sobre todo, escuchado por ti, Sofía.

Abril:

Al terminar de amarrarme los zapatos, sentado al filo de la cama, giré mi mirada para contemplar una vez más, el cuerpo desnudo de Karina. Empecé a acariciar, con delicadeza, su espalda. No pude evitar esbozar una sonrisa al recordar las horas de pasión que nos mantuvieron imantados de placer, inseparables el uno del otro, hicimos el amor hasta quedar sin respiración.

A pesar de que todos los días vuelvo a prometer que dejaré de fumar, encendí un maldito cigarrillo mientras caminaba para tomar un taxi. Hoy no sentí ganas de quedarme a dormir en el departamento de mi mejor amiga y amante, Karina… Y fue en ese momento, ese instante en el que decidí cambiar el final de la noche, que alteré totalmente el orden de mi vida, le puse sentencia de muerte a mis días, reviviendo aquel músculo oxidado que se andaba pudriendo en mi pecho. Mi corazón volvió a latir al verla pasar. Me detuve, suspiré al sentir que mi historia se había transformado para siempre al contemplar sus ojos, centrarse por un segundo en los míos, y la seguí.

Mayo:

“Mujer de abril, hay una luz que brilla en ti. Mujer de abril, estoy loco por ti. Me enamoré de ti, desde el día en que te vi”.

Nunca he sido muy bueno para escribir, pero estoy haciendo un esfuerzo para prepararle una carta de amor a la mujer más hermosa del mundo. Quiero que sea mágico el momento de conocernos. Sé dónde vive, y aunque he pasado mil veces por su cuadra para toparme con ella, no se logra esa conexión de miradas como aquella noche de abril. La ninfa de mi vida, pasa sin mirarme, sin darme una señal.


Junio:

Realmente quedé convencido al releer el segundo párrafo de la carta. Aunque me he tardado varios días, he conseguido captar la esencia de mis sentimientos:

Te confieso que nunca antes me había costado tanto acercarme a hablarle alguien, el corazón me palpita al ritmo de rock and roll cuando te veo pasar. Sé que quizá pienses que soy un acosador o algo así, ya que es obvio que siempre intento toparme en tu camino. Pero no, por favor, no lo veas de ese modo. Tan solo quiero asegurarme de estar a tu lado cuando cupido te dispare la flecha del amor, y sean mis ojos los que te miren con dulzura en ese momento.

Siempre he preferido ir al gimnasio que hacer ejercicio en la calle. Pero al darme cuenta que los lunes, miércoles y viernes, a las ocho de la noche, mi bella musa de abril sale al frente de su casa a trotar cinco vueltas al parque, decidí unirme a dicha actividad. Pero para no caer tan pesado, solo iba los miércoles, a fin de que pareciera un simple encuentro casual.

Pero la última semana del mes de junio, decidí tomar una iniciativa de impacto.  Empecé a correr a la par del amor de mi vida. Pensé en un inicio que le molestaría, pero al verla tan concentrada en quemar calorías, seguí con mi plan. Así que luego de un par de vueltas, martillé su hombro con delicadeza, pidiendo que se detuviera un segundo. Estaba decidido a hablarle.

 — Disculpa…Este…Bueno… ¿Me podrías dar la hora, por favor?

Inconcebible. Estaba actuando como un completo imbécil. Su mirada me hechiza, me paraliza y me hace vulnerable. Me derrito en la espera de escuchar su voz por primera vez.

— Intento no preocuparme por el tiempo, lo siento. No tengo reloj. Prueba el próximo miércoles con otra pregunta —contestó, sonriéndome de lado. Su voz era una composición musical hecha por ángeles, suave, fina, con un matiz agudo que podría protagonizar la comparsa más delicada y envolvente que haya existido. Pude sentir cómo mi alma flotaba, danzando de amor, mientras ella se alejaba, siguiendo su rutina de ejercicio.


Julio:

Silencio. No he vuelto a ver a la mujer de mis sueños desde esa noche en la que cruzamos palabra. Simplemente ha desaparecido. Quizá si tocara el timbre de su casa y preguntara por ella, encontraría respuesta, pero no me atrevo. Tengo miedo de que la historia no termine en un final feliz, que ella no se interese en mí y que la puerta se cierre en mis narices con desprecio. Pero a pesar de no tener más noticias de la dueña de mi corazón, viviendo en un estado completamente damnificado, he seguido avanzando con un nuevo párrafo de la carta.


Quiero comenzar por decirte que eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida. Y créeme, no estoy exagerando en mis palabras. Cada vez que te veo pasar, mi ser lanza un dado de salvación para no caer inconsciente. Sostener tu mirada me hace creer que estoy soñando. Y tu sonrisa, es una fiel prueba de que los milagros existen.


Agosto:

¡Al fin terminé la carta! Debo confesar que me siento bastante entusiasmado por ello, sin embargo, hay una parte de mí que se ha ido desanimado de toda esta locura. Estas últimas semanas he vuelto a retomar mi vieja vida, salir con amigos y amigas, dar el cien por ciento de mí en el trabajo, y no centrarme en conquistar a una mujer que posiblemente solo exista en mi cabeza. No sé qué demonios le vi para enamorarte como nunca pensé que podría amar a alguien, pero a quién trato de engañar, no se más de esa chica, posiblemente se mudó de vecindario o algo así. Y bueno, debo seguir con mi camino. Hoy le pondré punto final a esta truncada historia de amor.

Encendí un cigarrillo mientras caminaba rumbo a la casa de la “Mujer de abril”. Dejaría la carta debajo de su puerta. Si de verdad el destino quiere que algo pase entre los dos, ella me contactará. Le he dejado mis datos en la parte posterior del escrito de amor.

A veces uno piensa que se puede calcular el desenlace de los acontecimientos que nos rodean, que decir adiós puede ser suficiente. Pero no es así, la vida es perfecta porque es impredecible, los parámetros y las matemáticas no son aplicables para besar a una chica, el dinero no compra la sonrisa del alma, y dos miradas, por más que se crean lejanas, encuentran la manera de volverse a encontrar. Y es así, como antes de dejar la carta, volví a toparme con esa mirada de ojos verdes, que me contemplaban llorosos a distancia, suplicando ayuda. Unos bribones estaban intentando robarle a la mujer de mi vida.

Todo pasó tan rápido. En un instante estaba corriendo a la ayuda de la mujer que amo, dispuesto a impedir que esos malandrines le hicieran daño, y en el otro, la cabeza me daba vueltas y no dejaba de temblar de frío. Yacía en el suelo, apuñalado en el pecho, escuchando cómo la mujer de la mirada más hermosa, gritaba por ayuda. En lo único que podía pensar, era que aunque me costó la vida, había logrado que esos infelices no le robaran.


 — ¿Cuál es tu nombre? —pregunté de pronto, interrumpiendo los desesperados gritos de ayuda. La sirena de la ambulancia, se escuchaba cerca.

— Sofía…Vamos, tranquilo. Vas a estar bien. La ambulancia está a punto de llegar. Gracias por defenderme —expresó la chica de mis sueños, derramando algunas lágrimas, mientras que tomaba de la mano.

Hice un último esfuerzo y saqué del bolsillo de mi casaca la carta que le tenía pendiente. Me sentía muy débil. Pero al ver que la recibió, sonreí, dispuesto a cerrar los ojos por última vez, recordando cada palabra que le había escrito:

Mujer de abril, hay una luz que brilla en ti. Mujer de abril, estoy loco por ti.  Me enamoré de ti, desde el día en que te vi.

Te confieso que nunca antes me había costado tanto acercarme a hablarle alguien, el corazón me palpita al ritmo de rock and roll cuando te veo pasar. Sé que quizá pienses que soy un acosador o algo así, ya que es obvio que siempre intento toparme en tu camino. Pero no, por favor, no lo veas de ese modo. Tan solo quiero asegurarme de estar a tu lado cuando cupido te dispare la flecha del amor, y sean mis ojos los que te miren con dulzura en ese momento.

Quiero comenzar por decirte que eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida. Y créeme, no estoy exagerando en mis palabras. Cada vez que te veo pasar, mi ser lanza un dado de salvación para no caer inconsciente. Sostener tu mirada me hace creer que estoy soñando. Y tu sonrisa, es una fiel prueba de que los milagros existen.

Toda mi vida he pensado que el amor es un cuento de hadas. Por más que creí en algunas oportunidades que había logrado enamorarme, siempre mis relaciones terminaban, y eso, de alguna u otra forma, me deprimía muchísimo. Sabes…Una parte de mí quería seguir creyendo que es posible encontrar una historia romántica que supere la ficción. Y eso es lo que volví a sentir cuando te vi una noche de abril por primera vez.

No pienses que estoy loco por decirte que te amo sin conocerte. Para amar a alguien, no bastan palabras. Es esa conexión de miradas, que se encuentran y sin explicación, la vida empieza a confabular para que se unan. Y aunque el tiempo, la distancia, los problemas, los separen en algún momento, por obra y magia del destino, siempre se vuelven a encontrar, renovados, con un aprendizaje. Es que solo el amor, tiene el poder de renovar el alma. No de cambiarla, sino de hacerla más grande en su esencia.

Y es así como yo me he sentido desde que te vi, querida mujer de abril. Mi corazón se ha renovado. Y si alguna vez en mi vida me he sentido tan grande, ha sido en esos instantes en que has pasado por mi lado. Por eso anhelo conocerte, porque sé que solo junto a ti, puedo sentirme completo. Espero podamos volver a hablar. Te espero, mujer de abril. 

Sebastián Villareal

Jhonnattan Arriola Rojas



domingo, 1 de diciembre de 2013

Hola amor

La comparsa de los latidos de mi corazón, corea tu llegada con la parsimoniosa calma de una danza de estrellas. Aunque aún no conozca tu nombre,  te amo princesa.


A pesar de mantener una postura de macho solitario, alegando que el amor es tema del pasado, soy un estrafalario cojonudo, que no deja de soñarte con una canción de amor. No hay día en que no me pregunte ¿Cómo será tu rostro? Pero sobre todo… ¿Cómo serán tus labios? Ese sabor  frutal, que no dejará de enviarme a una dimensión de ensueño en cada roce. Quizá suene muy cursi, pero aun así diré ese término, versado para mis oídos “Amor de mi vida”.    

Hola amor, espero te encuentres bien, y si aún no has nacido, te voy adelantando que te dedicaré la canción “Cuarenta y veinte”. ¿No te parece divertido? De repente en estos momentos también estás pensando en mí… O tal vez, te encuentres besando otros labios, creyendo que serán eternos en sentimiento, ignorando que soy yo tu fiel guardián.

Un momento… ¿Y si ya nos conocemos? Pero somos un par de mentecatos que no se dan cuenta de que Dios nos ha puesto en el mismo camino para hacer el amor eternamente. Puede que la atracción no haya surgido en primera instancia, pero seamos honestos, los segundos intentos siempre son más interesantes, vienen con aprendizaje incluido. Quizá somos mejores amigos y nos estamos excusando en una barrera inexistente, alegando que destruiríamos nuestra fantástica relación amical, sin ponernos a pensar, que podemos tirar al vació una vida llena de dicha y de besos primaverales.

Pero, pensándolo bien, puede que no sea tan drástico el asunto. Que simplemente somos dos conocidos, sin mayor importancia, que nos volveremos a encontrar en una historia distinta, en la cual, ambos seremos los protagonistas. Querida, quizá ese pesado compañero de trabajo, ese chico parlanchín de la universidad que hacía chistes todo el tiempo, será el hombre que te lleve al altar y luche por hacer realidad hasta tu sueño más pequeño. Y ese… soy yo.

Sin embargo (música de suspenso) puede que un amor del pasado, regrese con mayor intensidad. Aunque todo el mundo tiembla con la posibilidad de volver con su ex, como si se tratase de un pacto con el Diablo… si tu destino es a su lado, no hay nada que se pueda hacer para evitarlo. Simplemente, sonreírle cuando lo vuelvas a tener en frente. Y sí…besarlo, besarlo por todo ese tiempo que se mantuvieron a distancia, pero que maduraron en soledad, preparando su corazón para una relación inquebrantable.

Es divertido soñar con esa persona. No sé si se tardará mucho en llegar, o si la chica con la que compartiré una linda salida la próxima semana, se quede a mi lado para siempre. Puede que al asistir al reencuentro de mi promoción de colegio, vuelva a ser impactado por la belleza de la ninfa que marcó mi primer amor, pero a la cual, nunca le confesé con total honestidad lo que sentía por ella. Muchas posibilidades se plantean en mi cabeza. Mi corazón vuelve a palpitar con emoción. Todo es perfecto cuando pienso en ti…amor de mi vida.


Bueno, preciosa, no sé si leas este texto… por lo menos, no tengo la certeza de que sea ahora el momento en que te encuentre estas líneas. Quizá más adelante te enseñe el escrito mientras disfrutamos de una copa de vino. Pero de igual forma, quiero que sepas que estoy dispuesto a dedicar mi vida entera para hacerte feliz. Me estoy esforzando para lograr alcanzar mis sueños y recibirte triunfante. Y sí apareces antes, te tomaré de la mano y lucharemos juntos por un futuro hermoso. Quiero tener hijos contigo, todos los que podamos y desees concebir. No pienses que te meto letra si te digo que aunque tengamos cincuenta años de casados, nunca dejaré de sorprenderte en nuestros aniversarios. Es que tengo tantas ganas de ti, que estoy seguro que las ideas no dejarán de fluir para arrancarte una sonrisa.
 
Soy consciente que también nos tocarán momentos amargos. No sé por qué me late que me saldrás con carácter fuerte. Pero descuida, sabremos manejarlos. Sobre todo, sabremos entendernos. Y eso, no tiene precio. No pienso dedicarme a amar solo tus mejores momentos, sino también los enajenados. Convertiré tus locuras en pasión con un beso sorpresa, y calmaré tu cólera con una caricia. Y si no es suficiente… si crees que no se ha inventado la manera de hacer perfecta una historia de amor, es porque aún no hemos comenzado la nuestra.


Te sueño, te anhelo, te amo y te beso en mi mente. Gracias por regalarme la ilusión más divina que se puede albergar en un corazón. Te espero pronto, mi amor.

Jhonnattan Arriola Rojas