lunes, 12 de octubre de 2009

Excitado en el centro de París

No hay una época específica para visitar nuestro histórico Centro de Lima, pero sí hay más de un motivo para hacerlo. Locales oscuros te dan la bienvenida jurándote que pasarás horas de sucio y magnífico entretenimiento. Bienvenidos a esta nueva atmósfera del cine pornográfico Le París, donde lo prohibido es bien acogido.

Ha culminado la segunda sesión del seminario al que Alonso Barreta (periodista) está asistiendo junto a sus colegas. Aprovechando que dicha ceremonia se celebra en el concurrido Centro de Lima, decidió llevar a cabo su fascinante y a la vez temeroso proyecto: visitar un cine porno.

Se dirige hacia el cruce de las avenidas Tacna y Nicolás de Piérola, el cual es llamado por los residentes del lugar como “el cruce del placer”. Su atuendo es totalmente innecesario, lleva puesto el terno que utilizó en la fiesta de promoción de su colegio en el 2007, una camisa rosada y sus zapatos brillosos talla 42. Probablemente en los años 50 su vestimenta hubiese sido la apropiada, cuando Le París era uno de los mejores cines de la ciudad y las personas se veían obligadas a asistir en trajes de gala.

Según su letrero, el cine abre a las 11:30 a.m. Coincidentemente, Alonso y compañía llegaron a la hora exacta. Tuvieron que pasar más de 15 minutos para que todos se pusieran de acuerdo y decidieran dar el primer paso dentro del local.

Alrededor del “lobby” había varios posters coloridos anunciando las 4 películas de estreno que estaban a punto de ver. Se acercaron a la boletería donde la persona encargada de cobrar el módico precio de 4 soles se encontraba ojeando unas cuantas revistas donde las prendas femeninas sobraban. Era gordo, calvo, bigotón y mantenía en su rostro una sonrisa capaz de ahuyentar a cualquiera. “Pasen, sean ustedes bienvenidos, mi antro es su antro”, decía eufóricamente. Mientras ellos solo atinaban a agradecer la cortesía asintiendo con la cabeza.

Uno por uno iba pasando por boletería y recogía su boleto, sin embargo nadie se atrevía abrir la puerta que daría inicio a tan osada aventura. Las cuatro señoritas que acompañaban al grupo se sintieron intimidadas antes del ingreso debido a que sus moldeadas figuras recibían constantes miradas de deseo.

Alonso fue el valiente que abrió la puerta, ya que según él, era un conocedor, el que ya lo había visto todo. Mentira. Su cuerpo temblaba, su frente brotaba unas cuantas gotas de sudor y sus dedos no reaccionaban en su intento de encender un cigarrillo para calmarse. ¿Pero cuál era el temor? Total, todos alguna vez en su adolescencia habían visto una película pornográfica, sin embargo no todos lo habían hecho en grupo, y menos con personas que nunca habían visto en su vida.

La sala de cine era totalmente oscura, les costaba mucho acostumbrarse a tan sombrío lugar. A duras penas se podía observar unas luces rojas envueltas en tubos transparentes que hacían reconocer los escalones. Subieron al segundo nivel para poder tener una vista panorámica de todos los hechos que pudiesen suceder en el lugar.

La película ya había comenzado. Todo el grupo se sentó en las últimas butacas, intentaron ponerse cómodos y en un instante ya estaban dispuestos a disfrutar del film.

Pasaban los minutos y Alonso se impacientaba, él buscaba acción y no veía nada más que la pantalla reflejando a un hombre revolcándose junto a dos mujeres que no paraban de gemir. Decide pararse y cambiar de lugar, puesto que se encontraba un tanto alejado de los demás espectadores. Su nueva ubicación, al centro de la sala, lo exponía a estar más cerca de quienes son considerados por la sociedad, enfermos mentales.

El sonido de los asientos moviéndose era casi por todo el lugar, se escuchaban las correas siendo despojadas de los pantalones, bolsas y papeles rompiéndose para luego retirar el pegajoso líquido que, la gran mayoría de hombres sentados, sin ninguna preocupación obtenían.

Vio una sombra que poco a poco se le iba acercando, no distinguía bien quien era, confiado alzó su mano pensando que podría tratarse de uno de sus colegas, sin embargo, segundos más tarde se percató de la presencia de un tipo, quien no conocía, sentado a escasos metros suyos. “¿Le vas?” Le preguntó el sujeto. Demoró varios segundos para comprender la pregunta que le acaban de hacer. “¡Habla pe! ¿Le vas o no?” Vuelve a insistir frotándose el miembro salido del calzoncillo. Alonso totalmente intimidado se pone de pie y atina a responderle lo menos esperado: “Ya, en un toque tío”. Y se alejó.

Asustado por el hecho penoso que le tocó experimentar, decide retirarse del local. Al salir, el mismo gordo de la boletería le pregunta “¿Ya se va joven?” “Sí, sí, creo que ya vi suficiente”, responde Alonso. “No lo creo, debería probar viniendo el fin de semana” agrega el sujeto.

Y así fue. El sábado por la tarde, Alonso estaba nuevamente en la puerta de ingreso del Le París. Estaba decidido a soportar cualquier sucia insinuación que se le presentara, no quería echar a perder nuevamente su proyecto.

Según la versión del “jalador” del local, quien es el encargado de estar en la calle intentando persuadir a la gente para que ingrese, el cine recibe un aproximado de 100 visitas al día. Si hacemos un rápido cálculo matemático, el dueño cobrando 4 soles la entrada, ganaría 400 soles al día, lo que vendría a ser 12 mil soles al mes. Casi el sueldo de un congresista. Obviamente tendríamos que descontar los gastos de mantenimiento y demás, pero sigue siendo una buena propuesta de negocio.

Pero, al parecer, dicho personaje fue muy modesto al dar su opinión, puesto que ese fin de semana el local estaba en un lleno total, como si se tratara del estreno de la película Harry Potter y el Misterio del Príncipe, la cual consiguió el record de taquilla en su primer día.

El periodista, ahora sí estaba vestido para la ocasión, portaba una casaca impermeable, un jean rasgado en las rodillas y unas zapatillas de lona sucias. Luego de unos 5 minutos de hacer fila se acercó a la boletería y para su mala suerte el tipo lo reconoció. “¡Ajá! De nuevo a las andadas.” Dijo el hombre. “Pues sí, decidí tomar su consejo y aquí estoy”, respondió Alonso. “Entonces lo haremos formar parte de nuestros clientes V.I.P.” añade el sujeto y suelta una carcajada.

Ya adentro, la iluminación no lo ayudaba y tuvo que esperar un buen rato parado hasta que pudiese encontrar un asiento vacío, o sin mucha gente alrededor. Misión casi imposible.

Finalmente lo consiguió, se ubicó en los asientos de las filas laterales, donde solo se pueden sentar cuatro personas. Junto a él estaba una pareja que cariñosamente y sin pudor se besaban y acariciaban las diferentes partes de sus cuerpos.

Comenzó a divisar el panorama y sorprendentemente pudo reconocer varias siluetas de mujeres por todo el lugar. Algunas vestían jeans apretados y polos cortos, mientras que otras usaban mini-faldas y blusas con gran escote. Cualquier persona inocente habría pensado que solo estarían ahí por curiosidad, sin embargo es imposible que a ese local acudan personas con dicha mentalidad, indiscutiblemente se trataba de mujeres dispuestas a ofrecer su amable compañía por los algunas monedas o billetes.

Velozmente vio la forma de cambiar de asiento y estar lo más próximo a dichas féminas, intentando no mostrar sus ganas de hablar con ellas. Encendió un cigarro y permaneció sentado viendo la película que para su mala fortuna era la misma que vio en su visita anterior.

La gente seguía llegando y nuevas señoritas hacían su ingreso. Finalmente una de ellas descansa sus largas piernas a dos asientos de distancia de Alonso. Él la miraba discretamente, intentado adivinar cuales serían los siguientes movimientos que haría ella. En un momento, ambos cruzaron miradas y la coqueta señorita no dudo en acercarse. Sentados uno al lado del otro, sin decir una sola palabra, sigilosamente la mano izquierda de la chica iba acercándose hacia las piernas del humilde periodista, quien ya se estaba olvidando de cuál era el verdadero motivo de su presencia en ese lugar. Hasta que en un momento existió el contacto y él no supo como reaccionar. Una chica totalmente desconocida estaba tocando su pierna derecha y acercándose al oído le dijo: “¿Te puedo ofrecer algo?”. Quizás fue la pregunta que tanto quería escuchar Alonso, para así obtener una historia que contar, pero en ese momento ninguna parte de su cerebro estaba enfocada en su proyecto.

“¿Cómo te llamas?” Pregunto él. “Shirley, ¿te animas ir atrás un ratito?” dijo ella mientras seguía acariciando la pierna de Alonso. Pero a pesar de que se había prometido correr el riesgo ante todas las propuestas indecentes que recibiría, no aceptó la invitación. Sin embargo, ella siendo más astuta, lo provocó acariciando de una forma maravillosa su órgano viril.

En cuestión de segundos, ambos se encontraban en uno de los rincones del local. Shirley, mientras lo acariciaba, ponía en práctica todos sus conocimientos adquiridos para seducirlo y conseguir algo de dinero. “Si me das 8 soles te la chupo”, dijo ella, “pero si quieres algo más dame 20”, añadió.

Alonso estaba fascinado por el placer gratuito que acababa de conseguir, pero sabía muy bien que no pagaría por obtener algo más. “Ya un rato, necesito ir al baño”, dijo él. No se le hizo difícil escapar de sus garras, además necesitaba controlar sus instintos asesinos para poder seguir con la investigación.

Bajaba lentamente los escalones, evidentemente aún seguía atónito por lo sucedido, continuaba su camino y en un abrir y cerrar de ojos fue acorralado contra la pared por otra mujer que también buscaba conseguir algo de dinero. “Qué dices papi, ¿lo hacemos?” No paraba de decir esa frase con voz excitante mientras frotaba su vientre con el de Alonso. En ese momento se escuchó que alguien gritaba: “oye no seas pendeja, ese es mío”. Shirley bajó apresurada para reclamar sus “derechos” por haber estado con él primero. Sin pensarlo, aprovechó la situación para escaparse de las dos prostitutas.

Salió del local maravillado por lo que acababa de suceder, nunca antes nadie se había peleado por acostarse con él, aunque en este caso se halla tratado de meretrices. Y para variar, nuevamente el gordo de la boletería se dirigió hacia él: “Y ¿qué tal? Sales con una cara de haber…” “No lo diga”, interrumpió Alonso, “pero gracias por su sabio consejo, la pasé genial”. “Cuando quieras sobrino, cuando quieras”, añadió el hombre.

Hoy Alonso no dormirá tranquilo, recordará todo lo vivido y, sin duda alguna, tendrá que jugar y hacer de las suyas para liberarse de tantas ganas acumuladas de tener sexo con una de esas mujeres o, en el mejor de los casos, con ambas.

EB

6 comentarios:

  1. me gustó mucho, ahora cualquier persona incompetente no se daría cuenta que alonso eres tú, felizmente esa persona no soy yo. sigue escribiendo lo haces bien.

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  2. no es mi tema favorito...y no lo leí por convenido...sino pq me vacila como lees y si te menciono lo siguiente es pq no me gusta ver cómo el talento se desperdicia en ese tipo de cosas...cuando se ha demostrado que tú das para más por eso creo que si sigues por esa línea estaremos frente al siguiente Jaime Bayli!

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  3. En desacuerdo con Daniel. No creo que el talento de un escritor se base en el tema del cual escribe sino en el talento que desborda el él. No creo que el talento se ha desperdiciado y por gusto no ha sido elegida la mejor crónica del salón. Por lo tanto, exitos xD.

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  4. Buena crónica, y también en desacuerdo con Daniel. Yo me dedico a escribir cosas, que yo creo, graciosas y eso no me descalifica. Envía esa a Beto ps Emilio.

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  5. Creo que me mal intepretaron. Primero: no fue una critica al talento de Emilio. Sólo quería destacar el hecho de que las personas usan el tema del sexo, las drogas, etc..para generar morbo y atraer más lectores...Segundo: Lo que me da pena, es que se gaste el talento en ese tipo de cosas, cuando se puede escribir de otras más....y lo de Jaime Bayli fue en tono sarcástico, por si no se dieron cuenta....Tercer y útlimo:no me cabe duda de que esta crónica haya sido escogida como la mejor del salón (de hecho me sorprendería que no lo haya sido...esto no es ser sarcástico, por si aca)...En fin, todos podemos escribir loq ue deseamos (en eso estoy de acuerdo con Alberto)... pero creo que al momento de escribir un buen lector debe preocuparse por sus lectores y darles algo que les ayude a crecer y no que llene su mente de cosas que no le serviran...Porque si actúar de esa manera lo convertiría en un egoista!!

    bueno...nos leemos!!

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  6. Jajajaja Disculpa tenía que reírme porque me haz atrapado con tus morbosidades. Tengo que decir que de por si a mí me agradan estos temas ya que creo q muestran una parte más natural de las personas y las libera de tantos convencionalismos. No te compararía con Bayly ya que es una forma de matar tu esencia y pues sinceramente sigue escribiendo y sugiero q no te limites a ciertos temas. Aunque claro al fin y al cabo debes hacer lo que quieras porque los lectores no siempre elegimos bien los temas. Y una cosita más en el egoísmo existe una virtud! :D

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